Cárceles con nuevo horizonte en “Carcelariamente”

Artículos, Académica

Cárceles con nuevo horizonte en “Carcelariamente”

BLANCA LLEO

Doctora Arquitecta.

 

Una cárcel era entonces un lugar siniestro

A finales de los 70, la arquitectura carcelaria existente en España reflejaba un sistema penitenciario arcaico, donde la pena y no la reinserción determinaban la vida del recluso en prisión. Por toda la geografía nacional se extendían los centenarios panópticos de gruesos muros de manipostería, como casi único modelo carcelario.

Fue a principio de los 80 cuando el Ministerio de Obras Públicas, a través de su Dirección General de Arquitectura, firmó un acuerdo de investigación con el Ministerio de Justicia para proponer nuevas arquitecturas carcelarias, acordes con el articulado de la reciente Constitución de 1978 que fija objetivos “para garantizar que las penas privativas de libertad estarán orientadas hacia la reincorporación y reinserción social”.

Sucedió que hacia 1985, tres arquitectos recién titulados fuimos llamados para elaborar ideas y desarrollar propuestas capaces de innovar el anacrónico modelo de prisión en uso. Cada uno de los jóvenes arquitectos —Emilio Tuñón, Javier Maroto y yo, Blanca Lleó— debíamos constituir y dirigir un equipo de colaboradores.

 

Diseño de las nuevas prisiones

De este modo un puñado de profesionales de menos de 25 años, agrupados en tres equipos, trabajamos intensamente durante unos meses bajo la supervisión de Manuel de las Casas, —catedrático de Proyectos Arquitectónicos y Subdirector General de Arquitectura—, reflexionando y debatiendo soluciones encaminadas a establecer un nuevo modelo institucional capaz de reflejar, también a través de sus cárceles, la cada vez más consolidada democracia española. Estos trabajos establecieron hace ya más de 20 años, los principios generales de diseño sobre los que aún se basan las nuevas prisiones que desde entonces se han construido en España.

Estos principios trataban fundamentalmente de dignificar la actividad penitenciaria partiendo del respeto y la defensa del individuo y por tanto mejorando el marco físico y normativo de la reclusión. Frente a la inhumana y masiva concentración establecida en la arquitectura del panóptico, se proponía una composición en pabellones independientes y autosuficientes, una organización para la vida cotidiana fragmentada en grupos humanos de no más de 50 celdas individuales. Las cárceles predemocráticas no solo privaban de libertad a los reclusos, también les despojaban de toda actividad vital física e intelectual para su reinserción. Los nuevos centros penitenciarios cuentan con todo tipo de servicios y actividades cívicas para el desarrollo de las personas.

Al cabo de unos meses finalizó la primera parte de nuestro trabajo y así las indagaciones preliminares se fueron concretando en la realización de tres prototipos iniciales de cárcel: Alhaurín de la Torre, Algeciras y Jaén. Cada equipo llevaría a cabo su correspondiente proyecto ejecutivo y dirección de obras. A nosotros nos correspondió la realización del Nuevo Centro Penitenciario de Jaén, situado a 10 Km. de la ciudad en un entorno de olivos centenarios.

 

Horizonte visualmente libre de obstáculos para los reclusos

Recuerdo que pusimos especial énfasis en hacer del recinto carcelario una suerte de pequeña ciudad fortificada, donde todas las dependencias debían de disfrutar tanto de la privilegiada luz natural del sur como de las vistas del magnífico entorno arbolado. Para ello, nos parecía fundamental que el enrejado no fuera vertical sino horizontal; al evitar la presencia permanente de barras crucificando la perspectiva de los olivares, los reclusos podían gozar del horizonte infinito libre de obstáculos. Así y gracias a esta argucia, la privación de libertad encontraba alivio, tras los barrotes, a través de la vista. Hicimos un pequeño prototipo para terminar de convencer a instituciones penitenciarias de que la seguridad no quedaba mermada y, finalmente se adoptó como solución general en todo el recinto. Era la primera vez que se conseguía este pequeño cambio, de gran efecto para la percepción desde el interior confinado.

 

Garantizar la integridad física de los funcionarios de prisiones

Otro afán en el desarrollo del proyecto estuvo centrado en garantizar la integridad física de los funcionarios de prisiones en el recinto. Para ello toda la estructura de pasos, galerías y pabellones debía disponer de doble circulación para mantener en todo momento la separación e independencia que evitara la toma de rehenes y que garantizara la vigilancia con un número limitado de efectivos. Esta circunstancia propició espacios de mayor altura y luminosidad, espacios transparentes y de amplias perspectivas en todas las direcciones, en resumen una nueva condición espacial moderna contrapuesta a la antigua cerrazón claustrofóbica.

Además era la ocasión de racionalizar la ejecución con sistemas constructivos modernos. Así por ejemplo, se montó “a pie de obra” un sistema de prefabricación de paneles de hormigón para resolver la división entre celdas. Igualmente, para acelerar la producción y mejorar la calidad de los elementos, la carpintería metálica se confeccionó en taller a partir de medidas estandarizadas; cada hueco era una pieza única formada por un recercado metálico (que resolvía jambas, vierteaguas y cargadero) con su carpintería y enrejado, todo de acero montado y lacado. Los casi 25.000 m2 se construyeron fundamentalmente con cuatro materiales: ladrillo, vidrio, hormigón y acero.

 

La arquitectura favoreció una nueva mentalidad

Cuando el nuevo Centro Penitenciario de Jaén estuvo terminado en 1990 los altos cargos del Ministerio de Obras públicas y del Ministerio de Justicia, así como los funcionarios de prisiones y demás trabajadores que acudieron a la inauguración comentaban que se había producido una transformación sustancial positiva: en el nuevo edificio se respiraba otra atmósfera, más próxima a colegio mayor y menos a vieja mazmorra. Se había producido un cambio en el soporte físico que debía traer en el futuro inmediato un cambio en la mentalidad y modo de vida de los usuarios, tanto reclusos como trabajadores del centro.

Han pasado 25 años y se han producido muchos cambios en España y en el mundo; nuestro entorno es hoy parte activa y protagonista de una sociedad globalizada, compleja y multicultural. Cuando el siglo XXI dibuja un horizonte de necesidades y soluciones nuevas ante el reto de incertidumbres y cambios profundos de las estructuras sociales, creemos imprescindible llevar a cabo, tal y como se hizo a mediados de los ochenta, una nueva reflexión y debate acerca del modelo carcelario vigente. Solo desde el análisis riguroso de los aciertos y deficiencias de las soluciones vigentes, así como desde la búsqueda de mejoras y puestas al día de sus principios arquitectónicos, podremos afrontar con garantías de éxito los retos que nos depara el futuro.

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