Cuatro notas sobre el significado

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Cuatro notas sobre el significado

1. El año 1974, el arquitecto americano Gordon Matta-Clark armado con una motosierra, un mono de albañil y una careta de protección, corta en dos mitades una casa deshabitada de un suburbio de New Jersey cerca de New York. La grieta de luz que provoca esta acción, revitaliza las estancias al tiempo que hiere de muerte el mito sagrado de la casa.

 

Su obra -como una especie de agip-prop que interrumpe los hábitos inducidos en las masas urbanas- se plasmará a través de acciones similares en otros edificios abandonados o en desuso situados en Europa y América. Así por ejemplo, Whole House en Génova (1973), Bingo en Niagara Falls (1974), Day’s End en el puerto de Nueva York (1975), Cronical Intersect en Les Halles de París (1975), Office Baroque en Amberes (1977) o Circus Caribbean Orange en Chicago (1978).

 

Matta-Clark trabaja sobre estructuras pre-existentes, abriendo, cortando y desgajando arquitecturas residuales para encontrar en las capas ocultas, socialmente encubiertas, una expresión de la “relación viva y tierna entre el vacío y la superficie”. Su obra desentraña significados escondidos e invoca la dialéctica negativa del deshacer, en clara contraposición al trabajo habitual del arquitecto como creador de la contención y el cierre espacial.

 

En un artículo titulado El Arte y lo Sagrado, Eugenio Trías nos desvela el papel primordial que tiene el significado en la Anarchitecture de Matta-Clark:

 

“Se equivocan los críticos que anuncian como deconstrucción lo que es, de hecho y de derecho, una autopsia iluminada de sentido. Sería erróneo y reductivista registrar en términos de la modernidad epigonal o del postmodernismo nihilista ese feroz saqueo de toda pseudosacralidad a que Matta-Clark somete su entorno para que pueda brotar en el aire de la transparencia una forma nueva en virtud del cual el mundo quede recreado, rescatado.” 

 

2. Supongamos que la inseguridad que caracteriza nuestro tiempo nace de una constatación en la conciencia colectiva de que los recursos simbólicos se han desgastado. Ese desgaste sería la consecuencia de la corrosión obrada por la razón instrumental que -cada vez más- determina nuestras vidas por imperativos del libre mercado, los poderes financieros y el control social. Podríamos decir con Hannah Arendt que “La finalidad se ha convertido en el contenido del motivo, y la utilidad elevada a significado genera la falta de significado”.

 

Por otra parte, en el mundo contemporáneo se apela constantemente a la ciencia y a la técnica como suprema y legitima autoridad. Sin embargo, cunde la sospecha de su incapacidad para generar valores culturales y fines últimos vitales.

 

¿Cuál es el origen de semejante paradoja? Si nos remontamos a sus inicios, observamos que el proyecto ilustrado se caracterizó por un proceso irreversible de desencantamiento de la imagen del mundo, esto es, la secularización o destrucción de los mitos por vía de la razón. Bien es cierto, que entonces, los modernos no renunciaban al cielo como símbolo de transcendencia, sino que lo desplazaban desde lo alto del cosmos a un futuro relativamente próximo.

 

Pero con la crisis de la modernidad y en especial después de la segunda guerra mundial, los meta-relatos que habían dado sentido a la experiencia en los dos últimos siglos, se van desvelando insostenibles ante la proliferación de saberes y la complejidad creciente de la vida. Y hoy, inmersos como nunca en los más insospechados y acelerados avances tecnológicos, nos encontramos, sin embargo, desconcertados ante la incertidumbre de cara al futuro y la inseguridad ontológica creciente. Estos factores de inestabilidad parecen haber desplazado definitivamente el mito del progreso.

 

Autores como Anthony Giddens y Eduardo Sabrovsky nos hablan de un tiempo presente que vive como la transformación moderna deviene en modernidad radical autoconsciente y por ello exacerbada. O dicho de otro modo, se convierte en una modernidad que enfoca sus poderes corrosivos contra si misma, toda vez que ha consumado su tarea esencial de disolución de los mitos. En esta dinámica antropófaga, se desvanecen uno tras otro todos los significados que han servido de fundamento a la cultura y a la vida moderna.

 

Al mismo tiempo la propensión a la recurrencia parece inducir una sensación de agotamiento. En la escena cultural proliferan las incontables interpretaciones de “lo anterior” y las múltiples miradas hacia tiempos precedentes mas o menos lejanos. Abundan las conmemoraciones, reediciones, centenarios, versiones, celebraciones, revisiones y antologías. Vivimos en un mundo, que gracias de la tecnología disponible repite hasta el infinito -como en un cuarto de espejos- el trazado de su propia imagen.

 

Y en esta frenética circularidad, ya no hay confianza en la capacidad de los recursos simbólicos para traducir a escala humana el lenguaje de los hechos y las cosas.

 

3. A finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando Gordon Matta-Clark llevaba a cabo sus acciones heroicas, otro arquitecto americano llamado Robert Venturi lanzaba sus innovadoras ideas acerca de la complejidad y contradicción en la arquitectura.

 

La obra de Matta-Clark y la de Venturi Scott Brown & Ass., coincidieron en ser críticas continuadoras del proyecto moderno al tiempo que abrían polémicos campos de significación para la arquitectura en su época. Matta-Clark se valía de la arquitectura como poderoso medio de comunicación para desvelar los intereses y sentimientos ocultos de la sociedad. Venturi, en cambio, desde una nueva interpretación de la forma a través de la historia, rompía convenciones; en un juego virtuoso, culto y reflexivo, reinventaba la sintaxis y el significado del lenguaje arquitectónico.

 

Ambos arquitectos encontraron en la casa suburbial americana el objeto primero de su trabajo. Tanto en la casa Vanna Venturi de Venturi (1962-64), como en la obra Splitting de Matta-Clark (1974) -a la que al principio de estas notas hacíamos referencia- una escisión total divide la casa de arriba abajo en dos fragmentos. Esta brecha abierta en la arquitectura doméstica simboliza la crisis del sueño americano. Como gesto radical denota la pérdida de confianza en la sagrada unidad familiar que se vivía allá por los años setenta. EL frontón partido sobre la puerta de entrada en la casa de Venturi no es un corte limpio. El propio arquitecto apunta como en esta grieta compleja “tres estratos yuxtaponen aberturas de diferente tamaño y posición”, lo que refleja la lucha interna que sostienen el hogar y la escalera por ocupar un centro inexistente.

 

En los dos proyectos encontramos tanto la crítica decidida a las convenciones arquitectónicas como la proclamación de soluciones abiertas a nuevos significados. La casa herida, lejos ya del idealismo platónico de la arquitectura racionalista, es la expresión de la sociedad en conflicto que la habita.

 

4. “Debemos levantar nuevos valores, fijarnos fines últimos para así establecer reglas de medida”. Con estas palabras proclamaba Mies van der Rohe, como por encima de todo y en todo tiempo es esencial “dar al espíritu oportunidad de existir”. Pues, “a pesar de que la arquitectura depende de sus circunstancias, su auténtico campo de actuación se encuentra en el terreno de los significados”.

 

Lejos de aquellas aspiraciones, la arquitectura hoy en la mayoría de los casos, se caracteriza por los usos retóricos y la reapropiación banal de la mejor cultura arquitectónica del siglo XX. En consecuencia y salvo excepciones, estamos asistiendo a la proliferación de una arquitectura homologada y vacía de contenidos simbólicos.

 

Se percibe en el ambiente un cierto clima de catástrofe y desamparo que es la consecuencia de habitar en un “vacío simbólico” sin precedentes.

 

Sin embargo, para recuperar la sensación excitante y esforzada de vivir un proyecto con futuro y a la escucha del latido del universo, es necesario pensar contra la realidad, por encima del pragmatismo y al mismo tiempo inmersos en las tensiones de nuestro tiempo.

 

Las palabras de Hanna Arendt son esclarecedoras cuando afirma: “el único proyecto vivo es el que se construye en el espacio del hombre emergente”.

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