El coche y la jirafa en Revista Neutra

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El coche y la jirafa en Revista Neutra

el coche y la jirafa

qué le diría Koolhaas a Le Corbusier

 

Blanca Lleó

1.¿Porqué fotografía Rem Koohaas su obra de Villa Dall’Ava con una jirafa en primer plano?

Por la misma razón por la que Le Corbusier lo hace colocando un automóvil delante de sus casas en la Weissenhof de Stuttgart: para datar la obra.

En las dos fotografías, la figura situada en primer plano sorprende y contrasta con el fondo arquitectónico protagonista. Tanto la jirafa como el coche aparecen en escena como una rúbrica enigmática; su presencia adquiere sentido como fecha y firma de un manifiesto construido. Dos manifiestos de dos momentos sintomáticos: el inicio del Proyecto Moderno y el final del siglo XX.

 

Porqué un coche?

En 1927 Le Corbusier construye el prototipo de la casa de los nuevos tiempos. Es el sueño de las casas en serie, casas como coches…. casas esenciales, funcionales, higiénicas, democráticas; casas modernas. Su propuesta para la exposición “habitar” organizada por Mies van der Rohe en 1927, plasma los ya enunciados cinco puntos de la nueva arquitectura: construcción sobre pilotes,  fachada libre,  planta libre,  fenêtre a longeur y terraza jardín.

 

Le Corbusier enfatiza el carácter moderno de sus casas, vinculándolas a la máquina de los nuevos tiempos: el automóvil, prodigio de progreso y desarrollo tecnológico, expresión de los nuevos sistemas de producción, garantía de bienestar y dinamismo moderno…… Todo un símbolo del nuevo modo de habitar: más rápido, más libre, más cómodo, más igualitario…el emblema de la vida moderna.

 

En un principio será Le Corbusier quien sitúe las máquinas de cuatro ruedas delante de sus casas para así reafirmar la modernidad de sus obras. Pero poco tiempo después, será la Mercedes Benz la que hará publicidad de sus nuevos modelos tomando como telón de fondo las casas del arquitecto, ahora ya reconocidas como expresión de la vanguardia moderna.

 

Porqué una jirafa?

Para efectuar esta curiosa foto, Koolhaas ha traído una jirafa hasta St. Cloud en la periferia de París. No sabemos de donde viene, si del zoo o del circo, pero sin duda el arquitecto ha desplazado con enorme esfuerzo hasta allí al animal por alguna razón.

 

Si nos fijamos en estas dos fotos tan cuidadosamente preparadas por sus respectivos autores, podríamos aventurar que a través del tiempo y el espacio, Koolhaas dialoga con LC.

 

Cuando termina el siglo XX, Koolhaas parece estar dando una respuesta  contemporánea a los cinco puntos modernos de Le Corbusier. Observamos que en la Villa Dall’Ava persisten aunque transformados, exacerbados incluso deformados: los pilotes se estiran y retuercen en un afán expresivo; la fachada libre ha pasado del blanco purista a la variedad de texturas, materiales y colores (piel de jirafa); la versátil planta libre permanece en evolución como permanece la eficaz fenêtre a longeur ; por último, la cubierta jardín es ahora un escenario para el espectáculo de nadar en dirección a la torre Eiffel.

 

A través de su arquitectura Koolhaas parece decir a Le Corbusier: al final del siglo XX seguimos siendo modernos, pero nosotros somos mucho más radicales; somos hipermodernos !

 

La rapidez de los años 20 se ha convertido en aceleración sin fin; las modernas máquinas, esclavas y benefactoras de antaño, son hoy prótesis problemáticas de nosotros mismos; el feliz progreso de entonces se percibe ahora como riesgo e incertidumbre.

 

El espectáculo y la ironía están presentes en el hecho de poner una jirafa ante una vivienda suburbial; la casa parece mimetizarse con el animal africano. Esto resulta esperpéntico y casi surrealista. Podría interpretarse como una expresión de la paradójica globalidad contemporánea, del mismo modo el automóvil ante las casas de LC en la década de los años 20 expresaba la fe en el progreso y la certeza de un futuro mejor. La compleja y contradictoria contemporaneidad se contrapone a la confiada racionalidad moderna.

 

 

2. Para entender la ruptura que supuso las modernas casas de Le Corbusier en los años 20, basta con recorrer aún hoy algunos barrios parisinos de aquella época.

 

Aquí la secuencia de estilos decimonónicos domina la atmósfera pintoresca de sus calles. Preciosistas trabajos de artesanía dan carácter a las edificaciones domésticas de una o dos plantas: rejas florales, vidrieras aplomadas de colores, torreones, cornisas, molduras y todo tipo de labrados en piedra, carpinterías minuciosamente talladas, etc. Por todas partes encontramos en estas arquitecturas domésticas de entreguerras, elementos decorativos capaces dee orquestar un repertorio de recopilaciones de otro tiempo.

 

Entre tanto festín de nostalgias, ocasionalmente aparece una soberbia caja blanca, seca y pura, descaradamente funcional e industrial; es una de las tantas casas de Le Corbusier como manifiesto construido de los nuevos tiempos. Sin color, sin ornamento, con ventanas de producción industrial y cubiertas planas sin cornisas; estas arquitecturas son ensayos del deseo moderno.  El atelier Ozenfant (1922),  la villa Laroche-Jeanneret (1924), el atelier Lipchitz- Miestchaninoff (1924), la maison Cook (1927), la villa Planeix (1927)…. destacan en estos barrios residenciales como obras extrañas en su entorno; son arquitecturas a años luz de sus vecinas coetáneas. En la década de 1920 Le Corbusier anticipaba una forma arquitectónica para las casas del futuro, un futuro que para él ya había llegado.

 

Hoy, ochenta años después, aquellas formas radicales, expresión de nuevos modos de vida aparecen como formas canónicas. Son la cara más amable, elegante y seductora de un estilo aceptado y bienpensante. Pareciera que la mejor de las casas posibles tiene una estrategia única e indiscutible. La casa es conservadora y más aun en tiempos de incertidumbre, cuando la mejor solución para la forma doméstica puede que sea una suerte de arquitectura aséptica, profiláctica, atemporal, indiferente a su tiempo, ajena al arte y a la vida; un escenario neutro que no interfiera ni impregne los acelerados y cambiantes acontecimientos humanos.

 

 

3. Dos retratos.

 

De espaldas. Recostado sobre una gigantesca basa dórica, el arquitecto de principios del siglo XX contempla extasiado un amplio horizonte. Seguro de su apoyo –los firmes cimientos de la arquitectura occidental- y con la esperanza de un progreso infalible, se siente heroico visionario de un futuro fascinante y prometedor.

 

Bajo la luz de los focos. Sobreexpuesto como una estrella mediática, el arquitecto contemporáneo, mira con beatífica ironía un insignificante detector de humos. En el cambio de milenio, máquinas de todo tipo condicionan nuestra vida. La incertidumbre y la sensación de riesgo determinan nuestra visión de futuro; el horizonte esta aquí y ahora.

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