Esto ya no es una fábrica

Académica, Conferencias

Esto ya no es una fábrica

Conferencia dictada por Blanca Lleó en la Escuela de Arquitectura de la eauclm, edificio 21 campus de la fábrica de armas en Toledo.

Titulo: Esto ya no es una fábrica

(de la Lección de Cátedra de Proyectos Arquitectónicos. ETSAM, Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, Julio 2012).

Cuando se cumple un siglo de las primeras fotografías de los silos americanos difundidas en Europa por Walter Gropius, no podemos dejar de pensar en la fascinación mítica que sobre los arquitectos ejercieron aquellos gigantes en el periodo prebélico. Desde entonces, la construccion industrial ha estado presente en todas las trasnformaciones del proyecto moderno; a veces como modelo de inspiración ideológica, en otros momentos como expresión de un cambio social, también como una nueva estética e incluso como marco para la creación de emoción y espectáculo.

Esta investigación, que integra fragmentos dentro de un conjunto global, pretende una aproximación a los distintos modos con que han sido investidas las viejas instalaciones de la era industrial, o dicho de otro modo, indaga un acercamiento a sus cambios de significado en los ultimos cien años.

Estructuramos el recorrido en cuatro etapas: 1912 hace un siglo, ’50s sin retórica, ’70s contracultura y cambio de milenio.

En 1912 hace un siglo, los arquitectos sumidos en la más acuciante confusión desvelaron la fuerza civilizadora que latía en las imponentes construcciones industriales. El ingeniero como noble salvaje representó entonces la liberación de los estilismos y la construcción de lo necesario. En aquellos años anteriores a la gran guerra, también en la arquitectura se inició un giro copernicano que daría sus frutos más paradigmáticos en los años venideros; el proyecto moderno nacía y las estructuras de la industrialización inspiraban su ideario.

Tras las dos guerras mundiales, el mundo cambiaba y también la relación del hombre con la máquina; ahora era compleja y contradictoria. Las nuevas generaciones de artistas y arquitectos encontraron en la mezcla de la cultura popular con lo arcaico y lo industrial, el eco de la sensibilidad de su tiempo. El mundo había perdido su carácter unitario y ahora se componía de fragmentos. Lo cotidiano incluso lo banal adquiría un valor inusitado y la producción industrial seguía en el foco de interés de los creadores, pero ya no desde una mirada mitificadora sino con el afán de apropiación de sus elementos, su lenguaje y sus métodos directos de ensamblaje. El Hunstanton School de los Smithson de 1954 nos ofrece para el análisis una posición que aventuramos equidistante entre la ejemplaridad maestra de Mies y el pragmatismo directo de Albert Kahn.

El tránsito que va de la producción de bienes y materias a la revolución social, tuvo lugar en los años 70. Las conquistas sociales encontraron entonces un modo de expresión en la construcción industrial como modelo para una arquitectura nueva más flexible, cambiante y abierta a las transformaciones vitales. El Centro Pompidu de Piano y Rogers y el Secs Fabrica de Pompeia de Lina Bobardi son dos ejemplos de “contenedor socialmente productivo” inspirado en las investigaciones de Cedric Price y en las teorías de Henri Lefebvre.

Los artistas del land art y la abstracción, la nueva objetividad y el minimalismo, cambiaron nuestra forma de ver las ruinas y desechos industriales; desde entonces las contemplamos como arqueología de nuestra civilización, también como expresión de la capacidad destructiva del hombre y como obras plásticas que nos conmueven.

Cuando ya avanzamos por el nuevo milenio, la reutilización de estas antiguas estructuras industriales evidencian dos actitudes opuestas en el modo de intervención: una que deriva hacia la seductora espectacularidad de grandes efectos, y otra que apuesta por una contención sostenible que hace del reciclaje un nuevo modo de ready made.

 

 

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