Reseña de Libro

Docencia

Reseña de Libro

Reseña de Aproximaciones a la investigación en Arquitectura
MPAA, ETSAM, Blanca Lleó

 

Habitar la globalización.

Carlos Jiménez.

Quizás lectura más estimulante y fructífera que he realizado durante el verano ha sido la del libro que, bajo el titulo de Aproximaciones a la investigación en arquitectura, documenta el seminario que centrado en ¨ la estrategia de habitar ¨ se llevó a cabo en la ETSAM el año pasado y bajo la dirección de Blanca Lleó, con la colaboración del también arquitecto Camilo García. La oportunidad del seminario la resume el texto de la contraportada con estas palabras: ¨En nuestro entorno, y de forma exacerbada durante las últimas décadas en el campo de la arquitectura, ha primado la acción sobre la reflexión. Y, ahora que esa febril actividad ha cesado por completo, una parálisis sobrecogedora y expectante atenaza a los arquitectos.  Sin duda vamos a tener que poner a prueba  nuestra capacidad de pensar y abordar con ideas la incertidumbre del futuro¨. Y la justificación de su propósito la hizo Blanca Lleó en estos términos: ¨Hace 100 años la arquitectura moderna revolucionó el espacio de la vida cotidiana. En este seminario nos proponemos debatir cuales han de ser las bases de una transformación en los modos de pensar el espacio vital acordes con el mundo contemporáneo, y ello con el fin de concluir ideas y propuestas provisionales que nos ayuden a adentrarnos en el futuro de la arquitectura¨.

En el objetivo del seminario resuena además y como un eco distante el énfasis que Martín Heidegger puso en el ¨habitar ¨en su intervención en el crucial Coloquio de Darmastadt de la inmediata segunda postguerra, sólo que el habitar actual ya no remite al mundo legendario de dioses y mortales al que el filósofo de Ser y tiempo proponía en definitiva regresar sino a un mundo que, a juicio de la propia Lleó,  es ¨un mundo globalizado ¨ y ¨ cargado de incertidumbres¨, en el que vivimos ¨una realidad compleja y contradictoria¨. Pero la orientación del seminario hacia el ¨ habitar¨ en cuanto estar en el mundo, no impidió que el tema de la casa ocupase un lugar importante en el mismo. De hecho, la ponencia de Blanca Lleó, titulada escuetamente Conversaciones, estuvo centrada en el muy influyente concepto de casa elaborado por Le Corbusier y puesto de presente en este brillante ensayo mediante el clásico método dialectico. O sea mediante los diálogos imaginarios de Le Corbusier con Rem Koolhas,

 

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Konstantin Melnikov y August Perret. La intervención de María Fullaondo giró igualmente en torno a la casa, aunque de hecho se redujera al relato de cómo, porqué  y experimentando cuáles vicisitudes, realizó la tesis doctoral que sirvió de base a su libro Casas en el Jardín del MoMA. La consolidación de un museo. En principio, a ella le interesaba examinar el papel crucial del MoMA en la defensa y la promoción de la arquitectura moderna pero, en el curso de su investigación, decidió centrarse ¨ en las cinco viviendas prototipo que se habían construido o al menos planteado su construcción en el Jardín de Esculturas del Museo¨. Y cuyos autores fueron: Frank Lloyd Wright, Buckminster Fuller, Gregory Ain, Marcel Breur y Junzo Yoshimura.

Sólo que estas dos notables referencias a la casa son históricas, en el sentido más convencional del término, porque se ocupan de distintas versiones de un paradigma que ya se considera pasado: el de la casa moderna. Un paradigma que, a pesar del carácter en su día  revolucionario se mantuvo  a salvo de la fractura  y la dislocación del espacio doméstico que determinan el estatuto de la casa contemporánea, su actual condición inestable y ubicua. En De la capsula al paisaje, la ponencia que Rodrigo Rubio Cuadrado dedicó a reconstruir la trayectoria del colectivo de arquitectos británicos agrupado en Archigram, cita una experiencia singularmente reveladora. Fue promovida por el escritor Ken Kesey, quien dedicó el dinero ganado por los derechos de autor que obtuvo de quienes llevaron a la pantalla su novela  One Flew Over the Cuckoo´s  Nest, a fundar una comuna tecnológica en La Honda, una localidad vecina al Silicon Valley. Allí Kesey – cuenta Rubio Cuadrado –  ¨ junta músicos, escritores, artistas y todo tipo de personajes de la bohemia. Llevan sintetizadores, micrófonos, magnetófonos, instrumentos eléctricos (…) a los que añaden grabadoras de vídeo y audio. Electrifican por completo el bosque de secuoyas que rodea la casa. Distribuyen los micrófonos por todo el monte amplificando y remezclando los sonidos naturales, mezclándolos con sintetizadores…¨ El resultado de este audaz experimento – continúa Rubio Cuadrado – es anular la ¨ separación radical entre la arquitectura ( la cabaña) y la naturaleza( el bosque )¨,  y generar ¨un ecosistema donde lo

 

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artificial y lo natural se mezclan y retroalimentan¨. En la historia de los  esfuerzos por reducir la contraposición entre la cabaña y el bosque  destacan el racionalista e ilustrado del Abate Laugier y el fisiológico y emocional de la ciudad jardín, que ha querido neutralizar dicha oposición mediante un urbanismo capaz de concertar a la arquitectura con la naturaleza. En la comuna de La Honda esa concertación no corrió sin embargo a cargo de la simple coexistencia armónica entre la arquitectura y naturaleza, captada visualmente,  sino de una interacción permanente entre una y otra, mediada electrónicamente. Y mediada, más específicamente,  por medios capaces de grabar, mezclar y reproducir sonidos. El desplazamiento desde la coexistencia a la interacción y de lo visual a lo acústico, que es también desde el paisajismo a la ecología, produce un efecto de inmersión que, aunque es homologable con el que tradicionalmente ha producido la arquitectura,  ya no está confinado en sus acotados recintos sino se da por el contrario gracias al dislocamiento de los mismos. Esta clase de dislocación de lo que David Greene calificó apropiadamente de ¨hardware de la arquitectura ¨ no era sin embargo rara en los años de la comuna de La Honda. Al fin y al cabo, esos años estuvieron marcados por la celebración en 1969 de Woodstock, el macro festival de rock que sumergió a centenares de miles de personas en una efímera ciudad mutante, mantenida en pie por las emisiones igualmente cambiantes de música y no por el ordenamiento claro y distinto de materiales sólidos y duraderos, como es lo habitual.

El problema de la inmersión en arquitectura es evocado por Andrés Jaque en la primera parte de las Notas sobre lo doméstico como escenario de lo político, con las que intervino en el seminario. En dicha parte él examina la experiencia del Hellerau Festspielhaus que, ¨en 1911 era el más importante equipamiento urbano de la Ciudad Jardín de Hellerau¨, en Alemania. Dicho proyecto, añade Jaque, fue fruto de la colaboración entre arquitecto Heinrich Tessenow, el escenógrafo Adolphe Appia, Alexander von Salzman y el inventor de la gimnasia rítmica: Emile Jacques Delcroze. Y tenía como propósito, explica Jaque, domesticar los previsibles conflictos internos de una comunidad como la de Hellerau mediante la práctica

 

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colectiva y sistemática de gimnasia rítmica. Esto último lo hacían en el atrio de la Festspielhaus, mientras que en la sala central de la misma solían asistir como espectadores a la performance de un grupo de bailarines, iluminada de tal forma que sus cuerpos ni recibían ni proyectaban sombras, con el resultado de que ¨ los cuerpos se desdibujaban y el público los veía como una vibración interpuesta entre el blanco fondo tridimensional y sus retinas. Una pulsión de luz similar a la que produce la niebla de una televisión sin sincronizar¨. Esta lectura de la sala de fiestas de Hellerau es muy audaz porque se aparta del parangón que Walter Benjamín estableció entre los efectos inmersivos de la arquitectura y los del cine y porque aporta además una reveladora metáfora de cuán condicionada esta actualmente nuestra  imaginación por la estructura misma de la imagen televisiva.  Jaque  utiliza sin embargo esta metáfora para sugerir que el papel de apaciguamiento y de disciplina social cumplido por la tele desde su universalización es equiparable al que intentaron cumplir la sala de fiestas de Hellarau en el programa encabezado por Tessenow. Y para defender la tesis concomitante de que el poder de la tele no es incontestable sino que, por el contrario, la implantación del monitor de televisión en la sala de estar abre un espacio de conflicto y negociación entre las intenciones del emisor y los personajes que define y moviliza y las necesidades y deseos del receptor.

La televisión trae el mundo a casa pero no la desquicia. Incluso puede decirse que refrenda su confinamiento, acercándonos y familiarizándonos con lo más remoto, extraño o inesperado, presentado siempre a escala de la sala de estar y al hipotético alcance de nuestra mano. A diferencia de lo que hacen las belhuis, los locutorios públicos de la ciudad de Róterdam, objeto de una investigación pionera realizada por Diego Barajas y Camilo García, integrantes de la Plataforma Husos y expuesta en su libro Dispersion: a study of global mobility  and the dynamics  of fictional urbanism. El espacio de las belhuis aunque aparentemente íntegro está dislocado, en primer lugar porque supone una inversión del adentro y del afuera y un sobresalto la distribución de lo público y lo privado que aun rige al urbanismo: para los ciudadanos de Róterdam es un interior más, tan opaco

 

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desde fuera como cualquier otro, para sus usuarios en cambio equivale a la irrupción en Róterdam de su propio mundo, presente no solo a través de los voces de los seres queridos  sino mediante los productos típicos que allí se venden o los servicios que igualmente ofrece, marcados claramente por el origen de sus consumidores  y usuarios habituales. ¨ Las belhuis – explican Barajas y García en su ponencia en el seminario – funcionaban como condensadores de la biodiversidad social de la ciudad. Gracias al teléfono se generaba un espacio donde confluían todos los husos horarios: mientras los orientales llamaban por la mañana, los subsaharianos tendían a hacerlo al medio día y los caribeños por la tarde. Así (…) se construía un espacio nunca antes visto en la historia de la ciudad, un espacio colectivo y global que se transformaba con el paso de las horas según las comunidades que lo iban habitando¨.  La palabra clave  resulta aquí la interactividad, por cuanto el fundamento o el sustrato de las belhuis es indudablemente  el medio interactivo más antiguo entre todos los existentes: el teléfono. Pero no es la única: la atracción que las belhuis ejercen sobre sus usuarios  es debida en gran parte al hecho de que la sublimación de su dispositivo arquitectónico y de su  heterogénea decoración ¨exótica¨,  los convierte en lo que Barajas y García llaman  ¨atmosferas imaginadas¨. Con este término – aclaran –  ¨ nos referimos a ambientes artificialmente construidos, en los que diferentes formas de vida social y biológica pueda coexistir. Mientras las atmósferas con algunas propiedades químicas o físicas tienen la capacidad de afectar la vida en sus aspectos fisiológicos¨,  las que operan ¨ como ambientes imaginarios, tienen la capacidad de incidir en los aspectos sociales de la vida¨. Pero cabe en este punto ir aún más lejos que sus autores y afirmar, sin temor a traicionarlos, que la atmosferas imaginadas de las belhuis son un modelo del ámbito difuso y dislocado en el que habita esa nueva sociabilidad en curso generada por los flujos migratorios del Tercer Mundo a las metrópolis occidentales y en la que tienden a confundirse o hibridarse los distintos orígenes y rasgos nacionales, religiosos y culturales de quienes se incorporan a los mismos, así como las culturas propiamente metropolitanas que los aceptan u hospedan.

La globalización supone esta fructífera interacción de unas culturas del

 

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mundo sobre otras, que entre otras cosas – y tal y como subrayan Barajas y García – estimula la posibilidad de construir o por lo menos imaginar mundos alternativos al mundo propio de la cultura que actualmente hegemonizan dicha globalización, la cultura americana. Pero también supone el trabajo en red a escala planetaria,  que ha desplazado al trabajo concentrado en plantas y encadenado a las cadenas de producción, característico de la etapa del capitalismo que Antonio Gramsci calificó tempranamente de fordista.

Barajas y García han abordado ya no como investigadores sino como arquitectos el problema de las implicaciones espaciales in situ del trabajo en red a escala planetaria gracias al encargo de una nueva sede que les hizo el Taller Croquis de Cali, Colombia y al que respondieron con un proyecto llamado Edificio Jardín Hospedero y Nectífero para Mariposas de Cali, EJHNMC por sus siglas. El taller está dedicado al negocio de la ropa y la decoración y lo integra un equipo de cinco mujeres que trabajan en red y colocan sus productos tanto en el marcado nacional como en el internacional, mediante sus contactos en distintas ciudades de Europa y América. Y si la comuna de La Honda era un laboratorio donde  se experimentaron formas inéditas de convivencia y de relación entre la arquitectura y la naturaleza, así como del arte con los medios electrónicos de reproducción y generación de imágenes y sonidos, el EJHNMC es un taller donde se realizan nuevas formas de relación entre la arquitectura y el medio ambiente, entre el interior y el exterior, entre lo local y lo internacional, entre la productores y consumidores y entre los intereses privados y los bienes comunes. Es una casa que también es una tienda, un albergue para humanos e igualmente para las mariposas que se benefician de las plantas autóctonas sembradas y dispuestas convenientemente para alojarlas y alimentarlas. Es además un lugar de venta directa y el nodo de una red de ventas on line, donde los compradores  reciben así mismo información tanto sobre los productos que  se ofrecen como sobre las actividades de las instituciones y los grupos ecológicos de la ciudad y de la región. And last but no least es el lugar donde se experimentan nuevas formas de relación entre la pantalla de televisión y la sala de estar que fue

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explorada en el seminario por Andrés Jaque, en la ponencia ya mencionada, a través precisamente de una análisis de las telenovelas latinoamericanas.

En los espacio de exhibición de  EJHNMC se han dispuesto estratégicamente monitores en los que se emiten capítulos de conocidas telenovelas colombianas. Solo que en las versiones dobladas o subtituladas en los muy distintos idiomas de los países en los que las mismas han sido emitidas. La exhibición de esta singular faceta del multiculturalismo actualmente en acción desplaza a sus espectadores ya no solo del ámbito estricto del EJHNMC sino del delimitado por la cultura colombiana y su singular cartografía imaginaria. Y el equipo Taller Croquis participa en la producción de lo que Barajas y García califican de ¨ realovelas¨ y que describen como un modo de aprovechar el enorme potencial comunicativo de los melodramas televisivos para producir ejemplares del género que incorporan discursos alternativos y promueven otras visiones de la ciudad.  ¨En el caso concreto de EJHNMC – explican – hemos estado trabajando en la Realovela  Mariposas y pasiones como medio de estimular una red de ciudadanos – jardineros en la ciudad de Cali, reunida en torno a la concienciación y la preservación de la biodiversidad¨.