La Agenda Cerdà

Artículos, Académica

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SIGLO XXI: HABITANTES Y VECINOS

 

Otra arquitectura para la vida cotidiana

Blanca Lleó, PhD Arch.

 

Mundo privado.

¿Por qué tiene tanto valor para el ser humano su espacio privado? ¿Quizás porque es la expresión de un sueño de libertad y autonomía individual? ¿O porque el habitante vive hoy la casa como un antídoto imaginario contra las incertidumbres y riesgos del siglo XXI? ¿Es la vivienda un “oasis a la carta” en una sociedad cuya única proyección de futuro esta en las todopoderosas tecnologías? ¿Es el reducto más intimo desde el que ejercer como nunca antes un poder total? El ámbito privado, que la cultura burguesa promovió en las ciudades hacia finales del S XVIII, fue evolucionando al mismo tiempo que emergían los habitantes como individuos específicos, diversos y circunstanciales. Sin embargo no podemos olvidar que el confort, la privacidad y la intimidad – la esencia misma de la casa tal y como hoy la entendemos- representan una conquista reciente establecida democráticamente en occidente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Para el sujeto fragmentado y descentrado de la sociedad contemporánea, la vivienda simboliza mucho más que un refugio, es su reducto de dominio, identidad y mundo propio.

 

Reflexionar sobre el espacio doméstico es inevitablemente pensar en primer lugar en el sujeto que lo habita, el individuo y la sociedad de nuestro tiempo. Y es también pensar en los medios que la ciencia y la técnica pone a nuestro alcance cada día, con los que mejoramos y al mismo tiempo hacemos más problemática nuestra existencia.

 

En el proyecto moderno y nunca antes, la vivienda es protagonista de la arquitectura. La necesidad del espacio privado emerge al mismo tiempo que la lucha por la emancipación del sujeto. “No hay modernidad sin racionalización; pero tampoco sin formación de un sujeto-en-el-mundo que se siente responsable frente a si mismo y frente a la sociedad” (Alain Touraine, 1993 pg.262). Racionalización y subjetivación aparecen como conceptos esenciales del sueño moderno. La modernidad como tentativa de llevar a cabo los ideales de la razón ha sido definida por la eficacia de la razón instrumental, es decir, del dominio del mundo gracias a la ciencia y a la técnica. Pero esto es solo la mitad del proyecto moderno. El proyecto moderno como proyecto de renovación social,  además de situar a la razón por encima del dogma, es también y sobretodo la afirmación del sujeto como libertad y creación: libertad como derecho de elección y participación, creación como identidad con la propia vida. Esta es la otra mitad. Así pues, lo que diferencia al proyecto moderno de la modernidad es, fundamentalmente, la creencia en el sujeto, actor, agente, o simplemente en nuestro caso, habitante de la casa.

 

Le Corbusier habla de un espíritu nuevo llamado a “ayudar al hombre alienado de su tiempo para dar significado y autenticidad a su propia vida”. Mies van der Rohe identifica lo correcto y significativo de los nuevos tiempos, que es, “dar al espíritu oportunidad de existir”. En el mismo sentido, la arquitectura de Alison y Peter Smithson es  “responsable con el sentido de identidad y pertenencia del sujeto que la habita”. (Lleó, 1998)

 

Hoy, mientras una ciudad duerme hay otra que esta muy despierta; la actividad de nuestro mundo hiperconectado se sucede sin descanso las 24 joras del día. Con la globalización y los nuevos sistemas de comunicación, el deseo de modernidad no tiene fronteras y llega con sus mensajes persuasivos a los reductos más alejados del planeta. La consecuencia es una contradicción cada día mayor: por una parte crece el dominio de un sistema económico burocratizado, autónomo y destructivo del medioambiente, por otra la incertidumbre y el miedo de la sociedad, la pérdida de libertad y autonomía del sujeto.“….aumentan las diferencias y las tensiones en varios aspectos que se superponen: las regiones innovadoras, que atraen el talento y que “lo tienen todo”, y las regiones exportadoras de talento que “no tienen nada”; la competencia cada vez mayor y devastadora en potencia que hay entre las ciudades de segunda clase, desde Detroit a Nagoya o Bangalore, por conseguir empleo, personas e inversiones, y una desigualdad cada vez mayor en el mundo e incluso entre los centros regionales más exitosos e innovadores” (Florida, 2009  pg.43)

 

Libertad, individualismo y soledad cívica.

La historia de la vivienda moderna esta asociada a una revolución individualista, o dicho de otro modo, a un deseo de libertad individual.

 

Los logros de la tecnología aplicados a la vivienda moderna han contribuido de manera notable a conseguir ese grado de libertad; desde el uso de los nuevos materiales (hormigón, acero y vidrio) en los inicios del siglo XX, a los sistemas de control y confort ambiental de los años 70, y ya en tiempos recientes, la conectividad gracias a los sistemas informáticos y de comunicación. Hoy, para muchos, el dominio de lo privado es el último reducto de libertad individual en la compleja y aplastante sociedad tardocapitalista.

 

En el capítulo titulado Individualismo Urbano del magnífico ensayo Carne y Piedra, su autor Richard Sennet, nos conduce por los inicios del Siglo XIX, cuando el desarrollo urbano empleo las tecnologías del movimiento, de la salud pública y del confort privado para impedir las reivindicaciones revolucionarias de las multitudes, al tiempo que favorecía los intereses y pretensiones de los individuos. Se iniciaba entonces la “era del individualismo” según expresión de Alexis de Tocqueville cuya consecuencia más negativa presagiaba una especie de soledad cívica “cada persona se comporta como si fuera una extraña respecto al destino de los demás ….Por lo que se refiere al destino de sus conciudadanos, puede mezclarse con ellos, pero no los ve;  los toca pero no los siente; existe solo en sí mismo y para sí mismo. Y si sobre esta base sigue existiendo en su mente un sentimiento de familia, ya no existe un sentimiento de sociedad” (cit. en Sennet, 2002 pg. 344).

 

La velocidad y el confort son hechos centrales de la vida moderna y son el germen del individualismo. En el siglo XVIII, las investigaciones médicas  dedujeron que el espacio debía concebirse para el movimiento corporal, pues la persona que se movía con libertad se sentía más autónoma e individual. Los tiempos modernos se han caracterizado por el dinamismo y la aceleración; las personas se trasladan con tal rapidez que la velocidad aísla a los cuerpos del espacio por donde éstos se mueven. Por añadidura las nuevas tecnologías permiten una suerte de ubicuidad en tiempo real y lo que es más, una presencia virtual de identidades ficticias. De la cultura del átomo, unidad básica de materia, hemos pasado a la cultura del bit, unidad básica de información; esto supone que muchos elementos determinantes para el individuo y la sociedad han adquirido  una movilidad sin precedentes al haberse liberado del peso de la gravedad. (Negroponte, 2000). Por otra parte, Sennet vincula el individualismo al grado de confort que se acrecentó de manera acelerada durante la revolución industrial como necesidad de dar tregua al cuerpo fatigado por el trabajo. La comodidad es un estado que asociamos con el descanso y la pasividad. El confort individual reduce el grado de estimulación y receptividad, lo que sirve para aislarse de los demás. Este individualismo produce un cierto orden social pues las personas coexisten y se toleran entre sí por indiferencia. Se ha perdido la sensación de compartir un destino común. La diferencia y la indiferencia coexisten en nuestras ciudades y la diversidad no induce a las personas a interactuar. La gente no abraza la diferencia, es más la diferencia crea hostilidad y lo mejor que se puede esperar en este multiculturalismo es la tolerancia. (Sennet, 2002).

 

Discurrir actualmente por una ciudad de occidente o de países emergentes, es ver masas de individuos en frenético movimiento; todos aislados de todos por la indiferencia hacia el extraño y el distinto, y cada vez más encapsulados en sus prótesis tecnológicas (móviles, auriculares, ordenadores, etc.)

 

En este entorno urbano conflictivo, la vivienda es para cada ciudadano, su particular santuario de confort y pasividad. El dominio de lo privado, simboliza el último reducto de paz -donde poder por fin desconectar o conectar a voluntad- en un mundo extremadamente agitado y cargado de incertidumbres. Hoy, las personas ansían el espacio doméstico para recomponerse no tanto de la fatiga física como del estrés emocional y psíquico derivado de las tensiones y los conflictos cotidianos.

 

A través de las redes y las tecnologías avanzadas de informática y comunicación, los ciudadanos pueden desde sus viviendas influir, comerciar y ejercer un poder cada día mayor. Hoy se puede acceder a casi todos los servicios que la ciudad brinda sin salir de casa. De hecho las nuevas tecnologías permiten y propician nuevas formas de incomunicación como consecuencia de los nuevos sistemas de hiperconexión con el mundo. Un caso extremo -que es cada día más frecuente fuera de Japón, donde se dice que hay ya millones de jóvenes- es el aislamiento radical de los hikikomori, adolescentes y jóvenes que deciden encerrarse durante años en su cuarto, que no salen nunca de casa ni hablan con nadie y que no obstante están permanentemente conectados al ordenador, al movil y a la TV. La mayoría de estos anacoretas cibernéticos son (o han sido) estudiantes brillantes, hijos únicos en soledad desde la niñez, que no han podido sobrellevar el estrés de las exigencias y requerimientos de una sociedad competitiva. Hikikomori (inhibición, reclusión, aislamiento) no es una enfermedad propiamente dicha, sino una condición social, dicen los expertos. La vida en la red proporciona al individuo la posibilidad de jugar con múltiples identidades. Emerge una nueva idea de libertad paradójica, ya que se trata de una libertad más virtual y ficticia que real. El deterioro efectivo de la capacidad de comunicación, el incremento del anonimato, sobre todo en las grandes ciudades, y el colapso de la mutua cooperación entre vecinos, son los factores principales que determinan esta forma nueva de soledad cívica.

 

El aislamiento del individuo se acrecienta con la globalización y la creciente movilidad. El desplazamiento acelerado hacia las megarregiones de desarrollo económico planetario, ha extremado el multiculturalismo y la diversidad de las poblaciones urbanas. En este contexto de economías avanzadas, la sociedad demanda diversidad y nuevos espacios para la vida cotidiana acordes con los emergentes modos de vida y los cambios profundos en las relaciones humanas.

 

De la solución tipo a la diferencia versátil.

La familia tipo ha sido desde la revolución industrial, la base para estructurar la vivienda en la ciudad moderna. Sin embargo, esta organización social, no puede seguir considerándose hoy como la única y generalizada fórmula de convivencia. En las ciudades y megarregiones urbanas que hoy acogen al 50% de la población mundial, se dan múltiples formas de agrupación cuando se trata de habitar el espacio de la vida cotidiana: estudiantes o emigrantes compartiendo, familia monoparental, solos temporales o permanentes, familia de fin de semana, mujeres y emigrantes en acogida, jóvenes emancipados, cama caliente, ancianos o viudas que realquilan habitaciones, “tuyos míos y nuestros”, divorciados con custodia compartida, niños en adopción, adolescentes tutelados, dependientes con cuidadores, etc. Todas estas situaciones vitales suponen una gran diversidad de afiliaciones -por acuerdo, conveniencia o necesidad- que no limitan la convivencia entre personas, al clásico parentesco de la pareja con hijos.

 

Este cambio radical en las formas de vida de la sociedad actual debe propiciar nuevas maneras de pensar el espacio de la vivienda. Se trata de asumir el cambio que supone el paso de la moderna familia tipo a la diversidad social contemporánea.

 

En general, la oferta de productos diversos en el ámbito de la arquitectura doméstica es muy escasa. Porqué? Probablemente los promotores aún no han reaccionado a un cambio en la demanda, pues “para bien y para mal la sociedad esta cambiando más rápido que su morada”  (Vicente Verdú 07.01.07, EPSTendencias 2007). En la cultura contemporánea -individualista y consumista- todos los objetos, servicios y productos son ofertados para satisfacer el afán de personalización, elección y adecuación. Cada persona quiere identificarse al máximo con aquello que le define socialmente (coche, trabajo, ropa, peinado, ocio, estilo de vida, etc.); sin duda, la vivienda y el lugar donde se habita, son determinantes en este sentido. Hace un siglo, el reto del proyecto moderno, en su afán por democratizar el acceso a una vivienda digna, planteaba la estandarización, la seriación y la repetición como innovación necesaria. Hoy es imprescindible pensar, proyectar y ofertar diversidad, versatilidad y flexibilidad en las soluciones arquitectónicas del espacio para la vida cotidiana.

 

Una reflexión inicial llevada a cabo en equipo y recopilada en el libro Informe Habitar (Blanca Lleó, 2006) nos condujo a 12 líneas temáticas donde las ideas arquitectónicas y el análisis de proyectos (161 casos) permitían avanzar propuestas para el espacio doméstico presente y futuro. Tan solo enunciamos a continuación los temas tratados en este ensayo:

 

1. Vivienda y algo +: la cuestión dimensional y la aparición de espacios adicionales, lugares futuribles o superficies crecientes en la vivienda.

Gracias a los nuevos sistemas constructivos, estructurales y de control ambiental, la vivienda actual puede conquistar reductos antes inaccesibles, suspendiendo cuerpos volados, sumando arquitecturas desmontables o incorporando espacios periféricos. Así por ejemplo, la “habitación exterior” se convierte en una superficie más de la vivienda capaz de adaptarse a necesidades cambiantes y condiciones climáticas variables.

 

2. Espacio continuo: la capacidad de los objetos y el mobiliario para definir los usos y las acciones domésticas cambiantes, y la necesidad del sujeto de identificarse con su mundo privado con más flexibilidad y mayor libertad.

La predeterminación de uso y función de las estancias-tipo (dormitorio, comedor, estar, cocina, etc) resulta hoy, en muchos casos, una imposición indeseable. La apropiación implica activación e intervención. El espacio fluido es reflejo de la forma de vida contemporánea: abierta, dinámica, sin centro permanente, interactiva, y en permanente transformación.

 

3. Espacio Cambiante: la utilización del potencial que proporciona la tecnología como medio para hacer posible la adecuación a los usos y las actividades domésticos.

El espacio cambiante es espacio flexible; el lugar se modifica y recualifica según la demanda. En las últimas décadas las nuevas tecnologías informáticas y de telecomunicación, la digitalización, la domótica, la interconexión sin cables, etc. permiten pensar cada día más la casa como un “oasis a la carta”, un lugar de control y poder total para las actividades del hombre tanto públicas como privadas. Los acelerados cambios en nuestros modos de vida demandan una vivienda contemporánea transformable y mutante, capaz de dar respuesta a “según quien, según como, y según cuando”.

 

4. Espacio Comodín: un espacio ambiguo, y sin uso predeterminado, un lugar multifuncional y versátil, que solo define el propio usuario.

En la superficie total de la vivienda, supone disponer de un grado de libertad para la apropiación de acuerdo a la voluntad e identidad del habitante. En palabras de Robert Venturi, “la ambigüedad válida fomenta la flexibilidad útil” (Venturi, 1966). En la vivienda contemporánea el habitante es protagonista del espacio, pues es él quien habitando define finalmente la casa.

 

5. Repeticiones y Variaciones: mayas, sistemas o leyes geométricas que implican una seriación lineal o espacial de soluciones.

En algunos casos son variables de una configuración determinada, y en otros son variaciones que obedecen a sistemas constructivos industrializados más o menos flexibles. A las “casas en serie” corbuseriana y la racionalización taylorista, se suma la capacidad de la tecnología contemporánea para abordar una mayor complejidad y así ofrecer diversidad.

 

6. Estrategias: el proceso es parte del proyecto, un camino abierto capaz de integrar múltiples factores: económicos, sociales, ecológicos, políticos, artísticos, tecnológicos, etc. que lo determinan.

La estrategia como plan de acción y anticipación de futuro es el más completo modo de captar la compleja realidad contemporánea del hecho arquitectónico.

 

7. Loteo sin jerarquía: estancias sin función, sin convención de uso y sin programa.

La modernidad funcionalista planteó por primera vez usos específicos para piezas especializadas en la vivienda; la forma sigue a la función era su lema. Pero hoy, la vivienda contemporánea ya no puede seguir determinando de forma generalizada los usos estándar. Así pues, la suma de habitaciones sin programa previo, que remite a una organización antimoderna y premoderna, es otra fórmula para estructurar el espacio doméstico hipermoderno por la libertad y versatilidad que proporciona al usuario contemporáneo.

 

8. Vivienda Núcleo: la agrupación y fijación de los elementos técnicos, en contraposición a la liberación del resto del espacio de la casa.

Uno de los paradigmas de la vivienda moderna es sin duda la casa Farnsworth de Mies Van der Rohe de 1946-1951. De su nítida configuración espacial, han derivado múltiples variaciones, ya que el elemento inamovible puede actuar de muy diversas formas: como centro generador, como filtro interior-exterior, como división de propiedades, como banda de distribución, como solución estructural, etc. Esta fórmula ofrece un grado de libertad organizativa, y al mismo tiempo aporta un sistema solidamente estructurado. El concentrado de las instalaciones contribuye a la economía de medios. La posición estratégica del núcleo o núcleos, hace la planta más dinámica y extensa al ofrecer distintos modos de recorrido con movimientos alternativos.

 

9. Vivienda Dispersa: el aumento de las prestaciones y los componentes (garaje, trastero, habitación satélite, terraza en cubierta, etc.) conduce a la atomización de la vivienda.

La vivienda dispersa nace de la suma de piezas y no del fraccionamiento de una superficie dada; es por tanto adición y no división. En último extremo, asumida la discontinuidad espacial, se pueden considerar también como extensiones la segunda residencia o la vivienda de fin de semana, y virtualmente el coche, el teléfono móvil, el ordenador portátil, etc.  Así compuesta de piezas satélite, se define una idea de casa difusa que se adapta mejor a las nuevas formas de convivencia (familias dispersas, agrupaciones no familiares, emancipación provisional, hijos de padres separados, mayores dependientes, etc.), a los sistemas laborales emergentes  (trabajo en casa, temporalidad y movilidad en el trabajo, teletrabajo, etc), y en suma a los nuevos modos de vida. La vivienda difusa o vivienda atomizada busca la adaptación a una vida inevitablemente compleja y multiplicada en el tiempo y en el espacio.

 

10. Vivienda Desde la Sección: como posibilitar situaciones de continuidad y de riqueza espacial en las tres dimensiones.

La sección libre se enfrenta a la ley de la gravedad con soluciones técnicas para generar espacios fluidos y mejorar las perspectivas, el soleamiento, las vistas y sobretodo la versatilidad de uso. Se trata de poner la innovación al servicio de la libertad espacial en la vivienda.

 

11. Negociando Límites: las condiciones de borde de la vivienda, y la división ambigua y compleja entre las partes y el todo, lo individual y lo colectivo, el interior y el exterior.

La negociación de los límites deriva de la alta densidad y fuerte compactación -tanto en planta como en sección- del alojamiento colectivo actual. También es consecuencia de la delimitación problemática entre lo público y lo privado. Espacios intermedios, lugares de doble función (alterna o simultánea), fronteras neutrales, apropiaciones intermitentes, borde cambiantes, etc. son recursos en la definición del límite de la vivienda. El valor de las zonas intermedias y los espacios difusos, confieren una espacialidad rica en posibilidades a las complejas y contradictorias zonas fronterizas de los límites.

 

12. Vivienda Tridimensional (Tetrix): la compleja división del todo, donde cada unidad es una pieza distinta de un puzzle en tres dimensiones.

La vivienda estándar en el bloque moderno se forma a partir de una cuadricula regular de divisiones horizontales por forjados y cortes verticales por unidades tipo; de esta operación racional resulta un loteo de piezas idénticas o con leves variaciones espaciales. En la arquitectura doméstica contemporánea, se plantea una división más volumétrica que superficial y una división más compleja y diversa. El valor de la riqueza espacial contemporánea se suma a la funcionalidad higienista moderna. La vivienda puede ahora concebirse en m3 superada la sección constante de la racionalidad moderna.

 

Estas doce líneas de reflexión confluyen y concluyen en una premisa común: el avance del proyecto moderno hacia la contemporaneidad, plantea la conquista de nuevos grados de libertad y complejidad en la vivienda con el fin de dar respuesta a nuevos modos de vida. La identificación del habitante con su vivienda, la versatilidad de uso, la flexibilidad y la calidad espacial son objetivos prioritarios en el proyecto del espacio arquitectónico para la vida cotidiana presente y futura.

 

 

Necesidad de comunicación: vacíos y espacios intermedios.

La ciudad, es el mayor invento del hombre; en ella tiene su origen la actividad económica, la industrial, el comercio y la innovación fruto de la creatividad humana y los logros científicos y tecnológicos. Como espacio de intercambio y comunicación, es también desde su creación hace más de 5.000 años, el lugar de los grandes conflictos, fruto de la eterna tensión entre el deseo irreconciliable de libertad individual y vínculo comunitario. Desde el año 2008 y por primera vez en la historia, el 50% de los seres humanos vivimos en las ciudades. Y en Europa, donde el 25% del suelo esta urbanizado, la población urbana alcanza el 75%. El cambio ha sido vertiginoso, pensemos que hace poco más de un siglo el 90% de la población era rural y solo un 10% de las personas habitaban en las urbes. El deseo de ciudad es el deseo imperioso de conocimiento, de prosperidad y de contacto con otros. El lenguaje y la necesidad de cambio, definen la peculiar condición de la especie humana como una rareza de supervivencia casual y afortunada en la larga historia de la vida sobre la tierra. El hombre es el único ser vivo que necesita tanto la innovación permanente como el bienestar duradero. Sin duda, es en las ciudades donde podemos encontrar las más variadas oportunidades derivadas de una transformación incesante y al mismo tiempo los más avanzados medios para el placer y el confort. Al mismo tiempo, el enfrentamiento derivado de la tensión entre las mutaciones constantes y las costumbres inamovibles, tanto en lo individual como en lo colectivo, es consustancial al hecho urbano.

 

Como arquitecta que proyecta y construye, me interesan especialmente, los espacios que vinculan las edificaciones de vivienda colectiva con su entorno urbano, por cuanto crean un gradiente de lo público a lo privado que promueve la integración y la conectividad cívica.

 

En el capítulo La acumulación heterogénea (cosas en conflicto), Sola Morales nos habla de la distancia interesante y acuña el expresivo término de “la promiscuidad espacial” cuando examina la distancia entre el edificio y la calle. Es aquí cuando tratando del empobrecimiento de la distancia arquitectónica y del síndrome de una arquitectura defensiva en los suburbios modernos, aboga por el solapamiento de las distancias, precisamente para superar la escasa funcionalidad, peligrosamente banal y especulativa del planeamiento actual. “La aplicación de diferentes criterios sobre el patrón de distancias combinadas puede crear orden o confusión. Y puede crear promiscuidad como lugar intermedio: un orden incierto y deliberado pero no evidente en la forma, abierto al cambio; una forma que es diferente en cada perspectiva, irregular en su apariencia aunque rígida en su localización”  (Sola Morales, 2008, pg.120) Esa distancia entre lo público y lo privado nos ofrece numerosas oportunidades para proyectar espacios intermedios como lugares de uso colectivo indeterminado que propicien el contacto y el intercambio hacia dentro y hacia fuera del edificio. “Pero el espacio vacío –vacío desde la perspectiva del uso- no lo es en su forma por sus múltiples atributos asignados y por las muchas formas que asumen sus bordes” en palabras de Sola Morales. El vacío, libre de condiciones estilísticas, es proyectado como forma de “promiscuidad espacial” o “solapamiento de las distancias”. De este modo al integrarse en las partes que componen el edificio y sus proximidades, el vacío se convierte en espacio vital de la casual dinámica colectiva….“o bien en lugares que son simples interrupciones de tus propios movimientos cotidianos como por ejemplo, los lugares en los que te paras para atarte los cordones de los zapatos. Estos lugares son también significativos a nivel perceptivo porque hacen referencia al espacio del movimiento” (Gordon Matta Cark entrevista con Liza Bear en Avalanche, 1974, citado en Blanca Lleó, Sueño de Habitar pg. 135). El movimiento es uno de los componentes esenciales en la obra de Matta Clark, sus expresiones volumen dinámico o geometría animada hacen tanto referencia a la concepción de la obra como a su percepción. Como la obra de Le Corbusier– Promenade Architecturale- la de Piranesi o la de Richard Serra, sus intervenciones no se dejan reducir a planos, y sus obras dependen de la dislocación y la experiencia espacial del espectador en movimiento. “tienes que caminar (…), desafiar por completo la calidad objetual (…) La razón para que exista ese vacío es que los ingredientes se pueden ver de una manera móvil, dinámica. Tienes que verlos moviéndote a través de ellos; implican una especie de dinamismo cinético, interno”. (Matta Clark cit en Sueño de hab pg 136)

 

Nos preguntamos entonces, con Sola Morales, ¿Sería posible entonces proyectar el vacío como la cualidad del espacio?

 

Los vacíos urbanos (calle, plaza, encrucijada, escalinata, retranqueo, esquina…..) son lugares posibles para el intercambio y la comunicación, para el conflicto y la confrontación, la celebración, la integración y la expresión colectiva. Resulta esencial proyectar estos mundos intermedios situados como umbrales, tránsitos o aproximaciones entre el espacio público de la calle y el espacio privado de la vivienda.

 

El vacío dentro de la estructura arquitectónica de un edificio, supone la integración de los lugares intermedios con el fin de establecer una relación de continuidad abierta al entorno urbano por una parte, y de propiciar espacios sociales de vida colectiva y contacto vecinal por otra.

 

Edificio Mirador y Edificio Celosía en Sanchinarro.

Sanchinarro es uno de los nuevos PAUS residenciales de Madrid. Su frenético desarrollo -junto con el de sus barrios vecinos Montecarmelo y Las Tablas- ha puesto en el mercado cerca de 50.000 viviendas nuevas en menos de 10 años. Con la crisis actual, una parte considerable de estas viviendas siguen vacías y en venta.

 

El urbanismo de estos nuevos barrios obedece a premisas especulativas. La seriación y la homogeneidad de las formas arquitectónicas y las distancias entre edificios es tal que cada elemento urbano es una pieza aislada e inconexa. El comercio inexistente a pie de calle, la baja densidad y la inhumana proporción de las calles (más bien carreteras), no propician ni la mezcla ni la vida de la ciudad a escala urbana. Como dice Sola Morales, en este urbanismo “lo peligroso no es solo la zonificación del territorio, sino la extensión mecánica (….) que dibuja una ciudad esclerótica, rígida e imposible de atravesar”.

 

En este entorno de periferia, hemos llevado a cabo con los holandeses MVRDV dos proyectos, el edificio Mirador y el edificio Celosía, ambos se proponen como una reflexión crítica de la preceptiva manzana cerrada de baja densidad. Se trata de cuestionar y buscar alternativas a la estructura urbana de los edificios residencias, cuya solución estándar es indiferente a la ciudad y a sus habitantes contemporáneos, y parece obedecer tan solo a los inamovibles criterios de la producción más conservadora. Ambos proyectos ponen el énfasis en la capacidad de establecer lazos de comunicación entre el edificio y su entorno, y no solo a escala próxima de calle sino también a escala de barrio y de ámbito territorial. El vacío nos permite dar cabida al imprescindible espacio social, el lugar para la comunicación que pertenece a todos los habitantes del inmueble, cuya capacidad esencial es fomentar la interrelación, y diluir el límite entre el interior y el exterior. Como ya se ha explicado anteriormente, se trata de crear gradientes de privacidad, esto es, establecer espacios intermedios entre el ámbito público de la calle y el reducto más privado de cada vivienda.

 

Así, en el Edificio Mirador se opta por un gran hueco central como referente integrador de la vida vecinal, en el Edificio Celosía en cambio, se articula el conjunto con una combinación paritaria de volúmenes abiertos y cuerpos cerrados. Nuestra intervención se limita a la escala de la arquitectura, no obstante las propuestas se abren más allá de sus límites de actuación tratando de irradiar vínculos o influencias con el urbanismo circundante configurado por un planeamiento simplificado de fragmentos desconectados y formas autistas. Se trata de soluciones concretas que se plasman en edificios, pero que inducen ideas generales quizás extrapolables.

 

La premisa de las dos propuestas es muy simple: romper la manzana de baja densidad, ya que este híbrido de compromiso entre la manzana de ensanche y el bloque abierto moderno, contiene muchos de los defectos y pocas de las virtudes de cada una de las dos alternativas. Así por ejemplo, la edificación general en pequeña manzana introvertida y vallada, junto al ancho excesivo del viario y la inexistencia de servicios o pequeño comercio en las plantas bajas, propician una ciudad sin comunicación, la no-ciudad de la soledad cívica. Sorprendentemente  “la manzanita” es la estructura dominante de todos los PAUS madrileños de nueva creación.

 

El edificio Mirador se alza como un exabrupto, en cierto modo desafiante, ante la aplastante homogeneidad del producto residencial del barrio; emerge como un hito que quisiera recordarnos la esencial importancia de la arquitectura doméstica en la construcción (constitución) de la ciudad. El edificio es también un encuadre y un observatorio de la sierra y el horizonte lejano. El gran mirador de 500 m2 situado a 36 metros del suelo, ofrece a los vecinos un jardín comunitario y un espacio al aire libre en altura, donde encontrarse y gozar de las vistas. Las circulaciones por el edificio dibujan “galerías, calles verticales y plazas” en prolongación con la estructura urbana de la ciudad. El movimiento por dentro del edificio entra en relación con el frenético movimiento urbano circundante.

 

La sorprendente interacción que este proyecto ha provocado en los más diversos foros, nos hace pensar que el edificio además de abrirse al entorno físico de la ciudad, ha establecido también comunicación en el contexto mediático que nos rodea.

 

El edificio Celosía no es una edificación singular, sino que es un sistema edificatorio, una estructura (combinatoria) esponjada que puede adoptar múltiples configuraciones. En los dos edificios -Mirador y Celosía- el vacío es esencial para producir la conexión entre el ámbito privado de la vivienda y el mundo público de la calle. En el edificio Mirador, el volumen de la manzana al colocarse en vertical convierte el patio colectivo -introvertido y autista- en mirador; el gran vacio centraliza la relación vecinal. Con esta estrategia, es el espacio social del conjunto edificado se abre a la ciudad y al territorio. En el edificio Celosía se propone la manzana perforada como solución alternativa a la manzana cerrada. El conjunto esta compuesto por 30 vacíos y 30 volúmenes construidos. Los vacíos son espacios abiertos comunitarios, lugares de paso para el disfrute colectivo, la relación vecinal y la comunicación con el entorno urbano; lugares intermedios entre la vida de la calle y la privacidad doméstica. La manzana se esponja, los pájaros, el viento y el sol atraviesan el edificio. Desde la calle, en cada patio y desde cada casa, se cruzan las miradas en múltiples direcciones; a través de los patios ajardinados suspendidos se abren insólitas perspectivas entre el interior arbolado de la manzana y el horizonte lejano de la ciudad y la sierra.

 

El Edificio Mirador con un total de 165 viviendas, contiene una gran variedad de situaciones y tipos de vivienda, como reflejo de la heterogeneidad e individualidad de la sociedad actual. Contra la seriación y repetición racionalista de la unidad familiar tipo, se plantea un repertorio razonable de tipos diversos como expresión de la versatilidad y flexibilidad en la organización de la vida cotidiana de la sociedad contemporánea. Se trata de integrar en un mismo edificio grupos sociales diversos y modos de vida distintos. Como si se tratara de una metáfora de la ciudad, el conjunto agrupa nueve volúmenes a modo de barrios. Al exterior, cada uno estos 9 grupos de viviendas, queda identificado y diferenciado de los demás a través de las distintas combinaciones en la modulación y posición de los huecos, así como por los diversos materiales, texturas y colores empleados; tres tipos de piedra, tres prefabricados GRC distintos y tres materiales cerámicos tipo “gresite”, componen volumétricamente el juego de las fachadas. El conjunto estructurado en 20 pisos, contiene 35 plantas de vivienda diferentes agrupadas en 15 familias tipos: vivienda pasante, vivienda duplex, vivienda cuadrada en esquina, vivienda con núcleos húmedos en fachada, vivienda triplex, etc .  En todos las tipologías, la estructura y las instalaciones se sitúan en el perímetro de la propiedad, de este modo la distribución interior, organizada con particiones de yeso cartón, puede ser alterada con facilidad. Se trata de facilitar la adecuación para propiciar la identidad que cada habitante vuelca en su casa. Por ejemplo, la vivienda con núcleos húmedos en fachada, indaga el disfrute hedonista del momento del aseo diario al situar lavabo, baño y ducha en fachada. Se trata de pisos altos y por tanto con vistas privilegiadas de perspectiva lejana. También el frente de la cocina ocupa esta posición de libertad en su apertura al cielo y al horizonte. En este piso, se busca privilegiar los escasos momentos que a diario permiten el disfrute del hogar -quizás la ducha matutina y el momento de preparar la cena- en detrimento de otras actividades cotidianas más reclusivas como son el sueño o el entretenimiento con el ordenador o la TV. En estas tipologías experimentales debería permitirse la libertad de elección, algo que a día de hoy no se da al adjudicatario de una vivienda social.

 

El edificio Celosía plantea una familia tipo de viviendas versátiles. En base a un sistema constructivo de molde único, se conjuga una serie limitada de variaciones para resolver las 146 unidades de habitación. La vivienda se compone de una suma de estancias sin determinación programática a la que se añaden los cuartos de aseo y los espacios de almacenamiento. La secuencia de los espacios dentro de la casa, refuerza el paso de lo público a lo privado que la propia estructura del edificio contiene. En todo el conjunto edificado de llenos y vacíos, el paso de la calle a la más intima de las estancias de cada vivienda, se establece como un gradiente de privacidad. Cada uno de los 24 patios en altura, es la antesala de la vivienda a la que da acceso. Su uso como condominio de encuentro y vida comunitaria es versátil y supondrá un acondicionamiento futuro según el deseo y al consenso de los vecinos. Transpasado el umbral de cada vivienda, la primera estancia es una habitación exterior, una suerte de zagúan-terraza de uso versátil que establece la necesaria distancia de aislamiento entre la vivienda y el patio vecinal. A continuación la estancia de uso colectivo -salón, comedor, cocina- da paso a las habitaciones más individuales y privadas de la unidad habitacional. El espacio del almacenamiento fuera de las habitaciones para no hipotecar su uso, garantiza por su localización en medianera el aislamiento acústico entre viviendas contiguas. Como alternativa a la solución convencional y sin embargo ineficaz y cara de los armarios empotrados, estos trasteros reponden a la mayor acumulación de objetos de nuestra sociedad hiperconsumista. ” Los factores que alimentan el torrente cosumista son (…) la disolución de los vínculos sociales, el retroceso de los sentimientos de pertenencia a una comunidad, el crecimiento de la incertidumbre, la fragilización de la vida profesional y afectiva, la relajación de los lazos familiares.(…) las furias consumistas,  permiten “darse placer”, regalarse con pequeñas alegrías que compensan la falta de amor, de vínculos o de reconocimiento. Cuanto más frágiles o frustrantes se vuelven los vínculos sociales e interindividuales, más crece el vivir mal y más atrae el consumismo como refugio, evasión, pequeña fuga para remediar la soledad y la sensación de falta de plenitud” (Gilles Lipovetsky. La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo pg. 279,280) Sin duda el individualismo al que hemos hecho referencia anteriormente, esta fuertemente unido al consumo paliativo.

 

 

Del optimismo a la incertidumbre.

La casa, prótesis y profilaxis.

Las formas de relación entre los seres humanos, están cambiando aceleradamente a causa de la última revolución tecnocientífica en la que estamos inmersos y cuya capacidad de transformación de los modos de vida, es comparable a la provocada por la revolución industrial o la invención de la imprenta.  Una nueva sociedad llamada digital, postindustrial, de la información o hipermoderna es la constatación de este cambio profundo y de sus impredecibles consecuencias. Todo ello ha de traer inevitablemente una auténtica revolución doméstica; la casa hoy, más allá de su estructura física o su carácter mítico protector, es un espacio en transformación, por cuanto inevitablemente refleja las disfunciones vitales más acuciantes de nuestro tiempo.

 

Desde el último cuarto del siglo XX, los rápidos avances de la cibernética, la biotecnología y la nanotecnología vienen desdibujado problematicamente los límites entre el hombre y la máquina. Analizar algunos aspectos de su imbricada relación dentro del espacio doméstico, es indagar nuevos modos de habitar que se van perfilando para el presente y el futuro.

 

Los más confiados en la capacidad transformadora de la nueva tecnología aseveran que, a los sueños tradicionales de protección, intimidad y confort, depositados en el hogar hasta hace poco, se le suman hoy los nuevos sueños de omnipotencia; esto es, poder total desde la casa a través de las máquinas como nuevos habitantes compartiendo con nosotros el espacio doméstico.

 

Aparece la idea de la vivienda como una prótesis técnica añadida; superpuesta tanto al sujeto como al lugar. Así por ejemplo, un ejecutivo occidental bien conectado se encuentra “como en casa” en los no lugares (aeropuertos, hoteles, grandes superficies, …), lo mismo que una familia de pescadores en Bali o Senegal, habita el mundo desde su modesta cabaña a través del móvil, la parabólica e internet. No cabe duda que estos artificios profilácticos, están trastocando por completo nuestro sistema convencional de relaciones humanas.

 

Si en la primera era de la máquina, la casa es la máquina de habitar, en la segunda edad maquinista la casa como prótesis y profilaxis queda intensamente vinculada al cuerpo y es su extensión mecánica, técnica y biológica. Como consecuencia de este concepto de hogar podríamos hablar de un nuevo habitante – hasta hace poco de ciencia ficción- , y que según distintos autores es nombrado mutante, replicante, hombre-máquina, cyborg, híbrido o cuasi-objeto. Así por ejemplo, el ingeniero, sociólogo y filósofo Bruno Latour, constata desde los inicios del proyecto moderno, la incuestionable conciencia de la existencia de híbridos o tierra media, mezcla indisoluble de objeto y sujeto. “La constitución moderna permite la proliferación expansiva de los híbridos al mismo tiempo que niega su existencia e incluso su posibilidad (…..) pero cuando nuestro mundo se encuentra invadido por embriones congelados, sistemas expertos, máquinas digitales, robots con sensores, maíces híbridos, bancos de datos, drogas psicotrópicas, ballenas equipadas con radiosondas, sintetizadores de genes, audiómetros, etc., cuando nuestros periódicos despliegan todos estos monstruos a lo largo de sus páginas, y ninguna de estas quimeras se siente bien instalada en el lado de los objetos ni en el lado de los sujetos, ni entre medias, entonces es preciso hacer algo….Otro terreno mucho más amplio, mucho menos polémico, se ha abierto ante nosotros….. Es el Imperio de la Tierra Media, tan vasto como China e igualmente desconocido.”

 

Desde este punto de vista, se nos muestra un complejo e impuro sistema de existencia, que ya no solo ofrece la cara prometedora de la ciencia y la técnica, sino también su lado más incontrolable y hasta desconocido. Hoy detectamos en el aire una clara ambivalencia del hombre hacia la tecnología, un temor creciente ante la incapacidad de controlar las capacidades y el riesgo de ellas derivado. Desde la segunda mitad del siglo XX, la percepción ha variado considerablemente. Si Le Corbusier en los años veinte, concebía los objetos-tipo como dúciles esclavos al servicio del hombre, la realidad demostró posteriormente que su visión era excesivamente optimista, ya que con el paso de los años hemos podido comprobar como los sistemas económicos y sociales de la producción industrial, vienen ejerciendo con gran dominio la transformación de la vida cotidiana y no siempre para beneficio del hombre. En cierto modo, hoy somos capaces de desvelar que la máquina liberadora es también la máquina alienante.

 

Por ejemplo, detengámonos por un momento ante la máquina más habitual de nuestros hogares. La TV es la prótesis de la casa contemporánea por antonomasia; la ventana abierta al mundo que, selectivamente y en tiempo real, conecta al sujeto por vía satélite o por cable con la red mundial. Desde un punto de vista apocalíptico, Jean Baudrillard considera que su presencia en el hogar es un dominio invasor incontrolable y una inversión de los mundos del habitante; la telemática, la capacidad de regularlo todo desde lejos, diluye la oposición entre la esfera de lo público y la esfera de lo privado. En una posición dominante y multiplicada, entra la TV en casa como visibilidad omnipresente e inyección obligada de exterioridad. La comunicación es extroversión forzada de toda interioridad. El aspecto primordial de las redes, es su carácter inaprensible y desmaterializado, por lo que sus verdaderas huellas, más que ser físicas y estar en la casa, son de orden psíquico y permanecen en el sujeto que la habita.

 

“…la clara diferencia de un exterior y un interior, describían exactamente la escena doméstica de los objetos, con sus reglas y sus límites, y la soberanía de un espacio simbólico que era también el del sujeto. Ahora esta oposición se diluye en una especie de “obscenidad” donde los procesos más íntimos de comunicación de nuestra vida se convierten en el terreno virtual del que se alimentan los medios de comunicación. Por el contrario, todo el universo llega a desplegarse arbitrariamente en nuestra pantalla doméstica: todo ésto hace estallar la escena anteriormente preservada por la separación mínima de lo público y lo privado, la escena que se representa en un espacio restringido, según un ritual secreto que solo conocen los actores”.

 

Es la obscenidad de lo demasiado visible -asegura Baudrillard-  donde todo queda disuelto en la información y la comunicación. Vivimos en el “éxtasis de la comunicación” y ese éxtasis es obsceno, acaba con todo espejo, toda mirada, toda imagen y pone fin a toda representación. La fuerte presión del espacio saturado de información nos hace menos libres, somos terminales de múltiples redes.

 

Sin embargo en el otro polo dialéctico, la postura integradora de Latour, ve como los nuevos inquilinos de la escena privada, estos objetos técnicos llamados redes prolongadas, son máquinas cargadas de hombre que encuentra en ellas su salvación. Pretender al hombre amenazado por las máquinas, cuando la realidad es que se ha incluido en ellas, ha repartido sus miembros entre los de ellas y con ellas ha construido su propio cuerpo, es no entender que el sujeto se ha definido a sí mismo multiplicando las cosas; lo demás es reducir el sujeto a una esencia. La naturaleza humana, así descentrada, es el conjunto de sus delegados y de sus representantes, de sus figuras y de sus mensajeros.

 

En fin, ante los efectos de la tecnología presente, vivimos la antigua dicotomía de apocalípticos e integrados. El espacio doméstico como prótesis tecnológica es vista por Baudrillard en un sentido negativo cuando desenmascara la pesadilla de la autodestrucción de lo real, del cuerpo y de la casa, al haberlo convertido en superfluo e inútil. Por el contrario, Latour nos ofrece un vasto territorio por descubrir, en la promesa de un sueño de poder, que recompondrá la unión entre la naturaleza y la ciencia, entre la sociedad y la tecnología, entre el cuerpo y la máquina. Así pues, ¿pesadilla de autodestrucción o sueño de poder?

 

 

Del funcionalismo a la sostenibilidad

Los inicios del siglo XX y sobretodo el periodo de entreguerras fue una época de grandes y profundos cambios, consecuencia inevitable del espíritu de los tiempos. La segunda revolución industrial, y por tanto la fase expansiva de los procesos de industrialización, se caracteriza por el énfasis en la producción masiva, la economía de escala y el consumo de masas. Las nuevas tecnologías y materiales de construcción, proporcionaban un instrumento nuevo a la arquitectura para cambiar la sociedad; esta idea anidaba como una certeza en la mente de todos los arquitectos de vanguardia. El proyecto moderno encontró en los avances que proporcionaba la industria, vehículos circunstanciales y sin embargo cargados de simbolismo, con los que transmitir el mensaje renovador de la nueva arquitectura.  Y el problema del habitar, la vivienda moderna, será para muchos arquitectos, el primer deber de la arquitectura en una época de renovación.

 

Las utopías domésticas de la segunda mitad del siglo pasado, revelan un tiempo de cambio y esperanza aunque también de incertidumbre, en la constitución de un nuevo futuro; las propuestas de casas llevadas a cabo por Fuller, los Smithson o Archigram, aportan soluciones revolucionarias al incorporar los últimos adelantos técnicos al espacio de la vida cotidiana.

 

Probablemente muchas de las circunstancias que hoy determinan las soluciones del espacio doméstico, tienen su origen en años 50 y 60. Y es que los avances de la innovación científica y tecnológica, adquieren una espectacular velocidad después de la segunda guerra mundial, que no ha parado de acelerarse hasta el día de hoy.  Tras los desastres de la guerra, la rapidez con que se suceden los descubrimientos en todos los campos de la ciencia, permiten al hombre soñar con el control total de su medio. Es especialmente importante por cuanto influirá en la transformación del espacio habitable, la tecnología de los viajes espaciales que tanto propició el avance de la electrónica, las comunicaciones o la ingeniería biomédica; el ser humano crea el primer microcosmos simulado de regeneración y autosuficiencia, desde el cual mira por vez primera la tierra, y se mira por tanto, a sí mismo en relación con ella.

 

En relación al proyecto moderno, los años cincuenta inician lo que será el cuestionamiento profundo, no tanto de su espíritu, sino de la formulación reductiva y formalista a que ha llegado la evolución del racionalismo funcionalista. La crítica, ampliará horizontes en un entendimiento abierto de la modernidad. La ruptura de la uniformidad, se asume como un paso adelante en la evolución madura del proyecto moderno, en el convencimiento de que la forma no ha de estar predeterminada ni por los materiales ni por la función.

 

Se trata de crear un ambiente adecuado a la actividad del hombre poniendo la nueva tecnología al servicio de la arquitectura y de la sociedad. La importancia que desde el punto de vista humano tienen las instalaciones ambientales como configuradoras de los espacios arquitectónicos son estudiados en dos obras fundamentales de entonces: “Mechanisation takes command” de Sigfried Giedion en 1950 y “The Architecture of well-tempered environment” de Reyner Banham en 1969. Estos estudios, que analizan la evolución de la arquitectura desde la mecanización del entorno humano, vienen a llenar un vacío historiográfico precisamente en el momento en que el desarrollo de la tecnología de control ambiental adquiere un papel primordial en la arquitectura.

 

En los inicios del siglo XXI, la presencia de los órganos técnicos en el hogar y su capacidad para el control y la comunicación, ha superado las más exageradas expectativas de los sesenta. ¿Como podían entonces imaginar, el poder ilimitado de las redes y la transcendente presencia de los ordenadores personales en las casas? El clip-on de los sesenta, se traduce hoy día en algo menos tangible pero más determinante: la conexión de las unidades telemáticas -prótesis de la casa y del individuo-  a las redes digitales. Y además ya no es solo el control y la comunicación del ambiente interno, cada vez más desde el ámbito privado se influye de manera decisiva en la política, la cultura y la economía a escala global.

 

Hoy en día, uno de los avances que más puede transformar nuestros hábitos de la vida diaria en las viviendas, es la explosión de la tecnología táctil que ya se ha instalado entre nosotros a través del móvil y que pretende integrar los objetos -haciéndolos ingrávidos y virtuales- en una pantalla. Microsoft prepara su proyecto Natal que elimina completamente los mandos, y reconoce los gestos mediante sensores y cámaras. Su validez y éxito descansa en que se trata de una fórmula intuitiva de aproximación a la tecnología informática. Siguiendo esta estela, los televisores también preparan un cambio radical de concepción mediante mandos que respondan a los gestos y voces de los televidentes. Los dispositivos más avanzados deben ser hápticos, es decir que cuando uno pulse un botón virtual, reciba una respuesta similar a la que siente en la realidad. La puerta la abrió Nintendo con su consola Wii que revolucionó el mundo de los juguetes y esta desbancando  a Sony y su Play Station. El futuro de la tecnología va más allá y se adentra directamente en el lenguaje gestual y en el reconocimiento de la voz. (Ramón Muñoz, El Pais 19.08.09 pg.27)

 

Después de los logros técnicos integrados en la vivienda a lo largo del siglo XX, los avances tecnológicos más recientes, nos hacen soñar con una inusitada liberación dentro del espacio doméstico. Al mismo tiempo nos preguntamos de nuevo por el poder emancipador de la ciencia y la técnica que nos prometía el proyecto moderno. Y cuando la política no tiene ya mucho que ofrecer, el arte se instrumentaliza, y las creencias y la filosofía se muestran incapaces de explicar el mundo que vivimos, nos queda la devoción por la tecnología para sostener nuestra fe en el futuro.  “…La tecnología esta a punto de perder su carácter alienante y convertirse en un componente inadvertido de nuestra vida, fusionado con el entorno y con nuestra biología. Existe ya una tecnología accesible, cotidiana, lavable y funcional, integrada en nuestras vidas. Y la previsión es que su presencia se multiplique”.

 

Pero en medio de un desarrollo vertiginoso vivimos en la incertidumbre de la duda, divididos entre la fascinación tecnológica y el temor de encontrarnos con un mundo deshumanizado y alejado de la naturaleza. “La bestia humana permanece jadeante y sin aliento ante la herramienta que no sabe asir; el progreso le parece tan odioso como laudable; en su espíritu todo es confusión, y se siente esclava de un orden de cosas demente, y no tiene el sentimiento de una liberación, de un alivio, de una mejora. Gran periodo de crisis y sobre todo de crisis moral. Para superar la crisis hay que crear el estado del espíritu que permita comprender lo que pasa…”

 

Hoy somos cada día más conscientes de la fragilidad del planeta tierra, por ello se están discutiendo con una intensidad sin precedentes, los problemas medioambientales de nuestro mundo. Unos hablan de exageración en las estimaciones y otros de que estamos subestimando las incalculables e irreversibles consecuencias de la actividad humana y su poderosa tecnología moderna. El balance entre los logros y los riesgos que corremos, es motivo de incertidumbre. Con los avances tecnológicos, ¿creamos más problemas de los que resolvemos? O por el contrario, ¿estamos hoy realmente en una posición menos arriesgada gracias a los beneficios de las nuevas tecnologías, la medicina moderna, la globalización y el conocimiento? Como dice Jared Diamond en su obra Colapso, muchas personas sospechan incluso que la amenaza del ecocidio -suicidio ecológico impremeditado- para la civilización mundial, ha llegado a eclipsar a la de la guerra nuclear y las nuevas enfermedades emergentes. “Contemplarán algún día los turistas perplejos los herrumbrosos restos de los rascacielos de Nueva York como contemplamos nosotros en la actualidad las ruinas de las ciudades mayas cubiertas por la jungla? “(James Diamond, Colapso. Porqué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Mondadori, 2006 pg. 24). Las cuestiones del impacto ambiental humano son polémicas y enfrentan opiniones contrarias. Así por ejemplo, en un bando están quienes no dudan de que el incremento exponencial de la población y el aumento del impacto per capita de las personas, son factores determinantes en el deterioro del medio ambiente. En el otro, se esgrime que el crecimiento económico y demográfico sostenido es al mismo tiempo posible y deseable.

 

Según Diamond los problemas medioambientales más graves a los que nos enfrentamos son doce: la destrucción de los recursos naturales (habitats, fuentes de alimentación natural, diversidad biológica y suelo), el techo o los límites de los recursos naturales (energía, agua dulce y capacidad fotosintética), las sustancias o elementos perjudiciales que producimos o trasladamos (productos químicos tóxicos, especies extrañas y gases atmosféricos) y por último el incremento de la población humana (crecimiento demográfico y crecimiento económico).  ” La sociedad mundial en su conjunto discurre hoy día por una senda no sostenible y cualquiera de estos 12 problemas (…) bastaría para limitar nuestra forma de vida en los próximos decenios. (…) Por ejemplo, la destrucción del bosque tropical (…) será absoluta en todo el mundo salvo las cuencas de los ríos Amazonas y Congo dentro de veinticinco años. Si se mantienen las tasas actuales, dentro de unas cuantas décadas habremos agotado o destruido la mayor parte de las pesquerías marinas que quedan en todo el mundo, habremos agotado las reservas de petróleo y gas natural baratas, limpias y fácilmente accesibles, y nos habremos acercado al límite del techo fotosintético”. (Diamond, Colapso, Mondadori Barcelona 2006 pg. 643)  Todos estos problemas están vinculados entre sí, y es obvio que el aumento de la población afecta sustancialmente a todos los demás. Hoy en día, la televisión y los anuncios de artículos de consumo llegan a los lugares más remotos del planeta mostrando el nivel de vida del Primer Mundo. A él aspira toda la población mundial, y muchos países de los llamados emergentes – China, India, Brasil, Corea del Sur, Malasia, Singapur, Rusia, etc-, lo están consiguiendo pues progresan con gran rapidez y tesón. Si esto se lograra y el llamado Tercer Mundo accediera al nivel de vida de occidente, el impacto sobre el medioambiente sería absolutamente insostenible, como ya lo es que el Primer Mundo mantenga su rumbo actual ya que esta agotando tanto sus recursos propios como los del Tercer Mundo. El dilema nace de una situación crítica, ¿Como alcanzar el equilibrio, propiciando un nivel de vida digno para toda la población mundial sin sobrepasar la presión límite de los recursos mundiales y por tanto sin hipotecar el futuro de todos?

 

Con la capacidad tecnológica actual, estamos incrementando la incertidumbre y el riesgo al originar situaciones complejas de gran peligro. Los viejos problemas que estas tecnologías resuelven, avanzaron a un ritmo mucho menor que los nuevos problemas creados por el desarrollo acelerado de la tecnología actual.

 

En los últimos años y frente a la crisis energética, asistimos a un nuevo impulso y apuesta por las tecnologías que propician el cambio y el desarrollo de las fuentes de energías renovables. La energía eólica y la energía solar, parecen tener una buena perspectiva en España por las condiciones especialmente favorables de viento y sol. La implantación de energías limpias en nuestro país ha adquirido en los últimos tiempos un importante desarrollo. El especial auge -sin duda animado por la subvención estatal y por el lucro como negocio de rentabilidad casi inmediata- de los parques solares ha supuesto que en dos años, de 2006 a 2008, hayamos pasado de 144 a 2.661 megavatios (MW) de potencia instalada, con lo que España se ha convertido en la líder mundial por delante de Alemania y EEUU. También España ha superado a Alemania y Luxemburgo en potencia per cápita en este campo con 75w/habitante. Sin embargo no todo reluce en la energía solar, pues plantas sin permisos y daños a zonas naturales oscurecen su desarrollo. El tamaño de estas huertas solares crece de manera desmesurada y en muchos casos las inspecciones han detectado la inexistencia de conexión a la red para evacuar la electricidad producida por las placas fotovoltaicas o la falta de permiso de las compañías para efectuar el enganche. La concentración de las “megaplantas fotovoltaicas” (de más de 20MW) -que como instalaciones industriales funcionan como una central térmica-, no casa bien con el espíritu de una generación renovable distribuida y descentrada.  (Javier Rico El País 18.07.09).

 

Sin duda estas fuentes de energía están adquiriendo un peso cada vez mayor en la producción de energía, pero no podemos negar que se trata de una apuesta a largo plazo. A día de hoy, en septiembre de 2009, la captación fotovoltaica en España alcanza los 3.354 MW de potencia instalada mientras el Ministerio de Industria trata de evitar el fraude al tiempo que trata de solventar las dificultades técnicas para las pertinentes inspecciones y para la supervisión de futuros proyectos.

 

El papel de la arquitectura, a la hora de asumir los retos de una participación más activa en la protección medioambiental, es determinante. Algunas evaluaciones recientes estiman que si el consumo energético en edificios a nivel mundial, continua aumentando al ritmo actual, la edificación podría llegar a consumir la misma cantidad de energía que la industria y el transporte juntos en el 2050. No se trata solo de una cuestión cuantitativa, la responsabilidad de la arquitectura se basa fundamentalmente en la capacidad que tiene de representar las aspiraciones de su tiempo. El carácter simbólico y la proximidad a la vida de las personas – tanto de la arquitectura de los acontecimientos como de la arquitectura de vida cotidiana- la convierten, en un medio privilegiado para la comunicación. Somos conscientes de que la construcción como artificio supone siempre una transformación del medio, pero se trata de sensibilizar y evitar el impacto negativo propiciando un uso más racional de los medios a nuestro alcance (materiales, procesos de fabricación, sistemas constructivos, transporte, ahorro energético y de agua, tratamiento de residuos, etc.). La opinión del conjunto de la sociedad, es un arma más poderosa de lo que a veces creemos, capaz de hacer cambiar los objetivos, sistemas y productos industriales. Por tanto, una demanda sensibilizada con la protección del medio ambiente, puede sin duda transformar los sistemas constructivos y las industrias vinculadas a la construcción y la gestión de los edificios, en un futuro no tan lejano. La belleza y la creatividad no quedan limitadas cuando se trata de cumplir con estas premisas, al contrario la historia de la arquitectura nos demuestra como muchas de las mejores ideas se han plasmado en soluciones adecuadas y acordes con medios ajustados. Por el contrario, la cultura de la ostentación, la abundancia y el despilfarro injustificado, produce más banalidad que buena arquitectura.

 

Tecnología, poder y libertad parece una triada indisociable del homo sapiens.  La necesidad de dominio, autonomía y extensión de sus capacidades, ha impulsado al hombre a lo largo de los siglos al avance técnico como fruto de los logros del conocimiento y la innovación incesante. No olvidemos que el ser humano es el único ser vivo que además del bienestar busca sin cesar el cambio.  Sin embargo, en menos de un siglo hemos pasado de la fe optimista en el progreso ilimitado, a la incertidumbre y el miedo por un riesgo creciente. Si en los inicios del proyecto moderno la funcionalidad guiaba la arquitectura, hoy es imprescindible poner pensamiento y acción en una arquitectura sostenible que contribuya a la protección del medioambiente.

 

 

Edificio Mare de Deu de Port. 97 habitatjes per a Joves en Montjuïc.

En la Zona Franca de Barcelona hemos realizado un proyecto de apartamentos para jóvenes en alquiler por encargo de Regesa. El conjunto de 102 metros de longitud y cinco plantas de altura, tiene como centro vital una secuencia diagonal de vacíos concatenados, esto es, espacios sociales de escala intermedia, que actúan como eslabones entre los lugares públicos de la ciudad y el dominio de lo privado. En el edificio de Mare de Deu, el volumen edificado se esponja para integrar -por medio de terrazas, patios cubiertos y locales sociales- tanto a los individuos del conjunto habitacional como al entorno poderoso de la montaña de Montjuïc y del barrio.

 

Uno de los problemas sociales más acuciantes de España, es el tardío abandono del hogar familiar por parte de los jóvenes. Según datos del Observatorio Joven de Vivienda en España OBJOVI, el nuestro, es uno de los países de la Unión Europea con mayor retraso en la edad de emancipación de la juventud. Tal es así, que solo el 10% se independiza entre los 18 y los 24 años, y la edad media de emancipación esta alrededor de los 30 años.

 

Los jóvenes siguen sufriendo las peores condiciones laborales. Actualmente, la tasa de desempleo de los menores de 30 años es del 17,24% y la temporalidad afecta al 48,35% de los que trabajan. En España, el 60% de las personas con contratos temporales inferiores a 1 año de duración, son jóvenes. Así pues, las graves dificultades en el ámbito laboral y la escasa oferta de oportunidades de alojamiento asequibles, retrasan cada día más la independencia de los jóvenes, su asunción de responsabilidades y su plena autonomía. Esta situación no solo es injusta sino que también es insostenible socialmente por cuanto malogra nuestro futuro como sociedad al desperdiciar el valioso empuje y el talento emergente de las nuevas generaciones. Por esto resulta especialmente importante la oferta de viviendas para jóvenes en alquiler como unidades habitacionales de superficie ajustada para primera residencia de transición. La diversidad de la sociedad contemporánea demanda soluciones específicas para los distintos grupos sociales, en este caso se trata de individuos o parejas que se están preparando o iniciando en el mercado laboral y por tanto cuentan con escasos medios económicos.

 

La apuesta del proyecto es alcanzar el máximo grado posible de sostenibilidad, no solo en la gestión energética sino también en el sistema constructivo, la riqueza espacial y la integración urbana y social. Y todo ello, sin renunciar ni a la calidad de la arquitectura ni a la innovación.

 

La sostenibilidad social implica la integración de la diversidad, a través de la oferta de un conjunto de soluciones variadas y adecuadas a los diferentes colectivos y modos de vida. Así, en el edificio, el programa de viviendas para jóvenes, se completa con una guardería y un centro ocupacional; ambas dotaciones se localizan en planta baja, al igual que las normativas viviendas adaptadas y el local abierto pero protegido para el estacionamiento de bicicletas. En el sótano se localizan … plazas para el estacionamiento de coches y … para motos. El edificio, al contener usos y horarios de grupos de edades y formas de vida tan distintos, garantiza la convivencia cívica así como la presencia vital tanto a lo largo del día como de la noche. Por otra parte, los espacios colectivos abiertos en la fachada, quieren establecer vínculos con el entorno próximo de la ciudad, con los campos de deportes colindantes y con la presencia mágica de la montaña. El arquitecto Felipe Pich-Aguilera añade, “…quisiera destacar la dimensión urbana del edificio, es decir su capacidad de vitalizar el barrio en el que se inserta, no solo a través de la interacción de su mera presencia, sino en su capacidad de generar un contexto urbano cualificado, enlazándolo a su vez con los recorridos interiores del propio edificio, el cual pretende ser en si mismo una continuación de la propia ciudad, con sus propias calles, lugares de relación, locales comunitarios…..además de viviendas estrictamente privadas. Este hecho es importante ya que normalmente los procesos administrativos de ordenación del territorio tienden a vaciar la arquitectura de su dimensión urbana y gran parte de las decisiones “urbanísticas”, quedan establecidas al margen de su concreción final.”  (Pich-Aguilera 2009 pg7)

 

Los espacios de uso colectivo, son una secuencia compuesta por diversas terrazas cubiertas y descubiertas así como por dos salas multiusos que incluyen máquinas de lavado y secado. Esta solución de lavandería, con una ya larga trayectoria -que va desde las comunas soviéticas a las moderna unidades de habitación corbuserianas y a los campus anglosajones-, hace que la habitual colada se convierta en un acto social que propicia la comunicación y el intercambio entre vecinos.

 

Cada uno de los 97 apartamentos, dispone de una superficie de 40 m2 con un cuarto de baño y un frente de cocina integrado. Se trata de un espacio diáfano y por tanto de libre organización, de acuerdo a los intereses de cada usuario. Las acciones vitales cotidianas (dormir, leer, comer, conectarse, descansar, etc …) y su correspondiente mobiliario, determinan la distribución, ya que salvo el lugar de aseo, no existe compartimentación.

 

La superficie de cada vivienda es ajustada, por lo que resulta interesante ampliar tanto el volumen, gracias a una altura generosa de techos, como la percepción espacial por medio de la máxima apertura al exterior. Así, cada unidad tiene un frente acristalado de suelo a techo (2,81m) y de pared a pared (6,80m) lo que supone un gran ventanal de unos 20m2 de superficie, esto es, la mitad del área útil de la vivienda. Este escape visual amplia el espacio y proporciona una prolongación virtual a la casa. También en la arquitectura para la vida cotidiana, la calidad es tan importante como la cantidad.

 

En primera instancia, la solución arquitectónica trata de propiciar los sistemas pasivos para el control energético: buena orientación, protección solar y ventilación natural. Así, las superficies acristaladas de las viviendas (6,80m x 2,81m cada una), orientadas alternativamente al noreste y al suroeste, proporcionan en invierno la máxima incidencia de los rayos solares. Al mismo tiempo, un sistema de lamas verticales practicables, por delante de estas superficies, permite el control de la incidencia solar y el oscurecimiento. De este modo, la fachada resuelta en dos capas asegura el ahorro de consumo energético. Por otra parte, la doble crujía de la edificación garantiza una densidad acorde con la viabilidad económica; no obstante su compacidad queda matizada por una secuencia de vacíos y terrazas intercaladas que propician la ventilación cruzada del conjunto.

 

El sistema constructivo empleado es una apuesta por la industrialización y la sostenibilidad. “…cabe recalcar que en nuestro contexto actual, es ya de por sí un valor el no dar por sentado la inercia de las maneras tradicionales de construir y tratar de innovar en este aspecto tan descuidado a lo largo de las últimas décadas” (Pich-Aguilera,1990 ) El sistema de molde total que hemos utilizado supone una innovación y un ahorro considerable de tiempo y materia. La estructura, la fachada y las divisiones internas se ejecutan de una sola vez con pantallas continuas de hormigón armado de 7, 10 y 16 cm de espesor. El encofrado -realizado ex profeso para este proyecto- esta compuesto por una serie de piezas de aluminio (superficie máxima: 1,5m2) que manipulan sin medios auxiliares los operarios en cada puesta. Por la eficacia y simplicidad del mecanismo de ensamblaje, cada molde admite hasta 500 usos. En este caso tanto la patente, como los operarios y el molde provienen de Colombia. El proceso supone una ejecución en serie de las viviendas, que comienza con el armado general de las pantallas y losas de cada unidad. Sobre este entramado se replantean y fijan todas las instalaciones. A continuación se encofra y se vierte “en mesa” el hormigón superfluido. En 24 horas adquiere el 70% de su resistencia y se desencofra. La media de tiempo empleado en lo que llamamos “obra gris”, es de un día por vivienda. Una vez finalizada esta fase, solo queda fijar carpinterías, solados y directamente pintar. Con esta ejecución no se realizan rozas, ya que las instalaciones de las viviendas quedan embebidas en las pantallas (las verticales y las acometidas a cada unidad son registrables); no generar esconbros supone un sustancial ahorro de material, de tiempo, de limpieza y de energía.

 

En cuanto al sistema de generación energética, se ha llevado a cabo una fórmula novedosa de auto producción de energía eléctrica. Mare de Deu es el primer edificio de viviendas con un sistema de micro cogeneración, esto es, producción de electricidad a partir de la combustión de gas. Este sistema comprende la producción de agua caliente sanitaria con caldera de gas centralizada y con tarifa plana para todos los inquilinos. La micro cogeneración aporta el consumo habitual de energía mientras que las puntas de consumo son cubiertas por una caldera de apoyo. La electricidad sobrante se vierte a la red de suministro que, por ley, debe comprar restos excedentes.

 

En paralelo a la ejecución del proyecto y obra, y partiendo del edificio de Mare de Deu como prototipo, estamos desarrollando por encargo de Endesa energía, una investigación centrada en nuevos sistemas de captación de energía solar fotovoltaica integrados en la arquitectura. El interés de esta propuesta radica en la necesidad de acercar a los puntos de consumo las llamadas “huertas solares”; desde esta perspectiva, las ciudades y no el campo, se convierten en los lugares idóneos para localizar este tipo de implantación de producción eléctrica fotovoltaica. Para ello, hay que considerar en primer lugar, que las grandes extensiones de elementos de captación en suelo rural, carecen de todo sentido en suelo urbano, no solo por el alto precio de los solares sino fundamentalmente por la barrera y el impacto que produciría en el plano de la ciudad. Por tanto han de ser los edificios los que integren los sistemas captadores; al instalar las placas fotovoltaicas en la infinidad de construcciones que tiene la ciudad, se logra, no ya descentralizar, sino atomizar las plantas solares y también su impacto.

 

Por otra parte el artificio de la arquitectura admite un juego ilimitado de sinergias con las partes que componen las tecnologías de captación solar. Y en esta conjunción de elementos se basa nuestra propuesta de Lama Girasol. El principio generador de la idea es simple: ya que nuestras fachadas deben poder frenar el impacto del sol, los elementos que en este sentido actúen pueden además ser receptores de la energía solar. Por tanto en una visión de sinergia las lamas protectoras serán también captadoras; con un solo medio conseguiremos dos efectos. La lama captadora fotovoltaica o Lama Girasol se compone de una pala vertical de 55cm de ancho por 280cm de alto conectada a un sistema sensor que activa un movimiento de seguidor solar; como si fuera un girasol, la lama se mueve a lo largo del día buscando la mayor incidencia de la radiación solar. Cada vivienda tiene en su frente de fachada 12 lamas, así que cada habitante tiene una suerte de pequeña huerta solar. El accionamiento de las lamas como seguidor solar es automático y funciona por defecto, tratando de captar el máximo sobre todo cuando el inquilino esta ausente; sin embargo la posición manual permite al usuario la configuración de su fachada con total libertad. El echo de que la fachada sea un planta solar de la que participan y se benefician como accionistas todos los habitantes, lleva a una corresponsabilidad y a una concienciación activa esencial para la protección del medioambiente. Como bien dice el refrán, “ojos que no ven, corazón que no siente”. Para que la conciencia cívica obligue a las grandes corporaciones a la protección del medioambiente, es imprescindible la acción cotidiana de los individuos. Por eso la arquitectura tiene que participar en la sostenibilidad y además tiene que informar hacia dentro, -los vecinos- y hacia fuera -los ciudadanos- de las medidas adoptadas y que contribuyen a ello. Porque informar es sensibilizar; la información visible es el medio para la sensibilización cívica.  Por eso en la fachada sur que se divisa desde larga distancia viniendo desde el puerto, se propone la instalación de una gran pantalla de LEDS con la información en tiempo real de la captación de energía y la electricidad que con ella produce el edificio, con el consiguiente ahorro y beneficio para el medioambiente.

 

La gama de colores utilizada dentro y fuera del edificio- verde lima, mostaza y azul-gris- se inspira más en los tonos del cielo, el mar y la montaña cercanos que en la monocromática ciudad circundante.  Las terrazas accesibles tendrán como acabado el césped artificial en dos tonos de verde mientras que se cubrirán con vegetación las azoteas no visitables.

 

 

Torre Bioclimática

La edificación en altura como solución para la vivienda de alta densidad, es la alternativa a la ciudad expansiva de costoso desarrollo de infraestructuras, enorme gasto energético y fuerte impacto medioambiental. En las últimas décadas, la idílica aspiración de disponer de un trozo de tierra para cada casa, ha traído como consecuencia una ciudad de baja densidad en los suburbios de periferia, que resulta insostenible. Esta formula de los tiempos modernos, que pretendía la adaptación de la vida rural a la ciudad industrial, parece obsoleta ante el crecimiento desmesurado de las ciudades y el impacto de los asentamientos urbanos. Y hoy, el sueño de poseer un trozo de suelo, se ve sustituido por la posibilidad de lograr un trozo de cielo en los pisos altos. Nuestra cultura eminentemente visual valora las perspectivas, las vistas y también el dominio de una posición aislada; los áticos en lo alto de los edificios de viviendas tienen el máximo valor, el que hasta no hace tanto, se daba a los primeros o principales. El ascensor y su sistema de seguridad inventado por Otis en 1857 es uno de los elementos tecnológicos que desde hace ya siglo y medio, más ha cambiado la fisonomía de nuestras ciudades. Tener un acceso inmediato y al mismo tiempo alejarse de la calle en pocos segundos para ascender a un mundo de privacidad libre de ruidos y otras contaminaciones, resulta cada vez más atractivo para el individuo contemporáneo. La concentración vertical es tanto ascendente como descendente. La muy habitual prolongación de los ascensores hasta los garajes subterráneos, hace posible el acceso a la vivienda desde la calle a través del vehículo privado de un modo automático y directo, casi profiláctico; se conjuga así la expresión del individualismo y el aislamiento del “cuerpo pasivo (que) puede perder todo contacto físico con el exterior” en palabras de Richard Sennett.

 

La propuesta que hemos desarrollado en el proyecto de Torre Bioclimática es la de un prototipo para viviendas en altura. Su estructura general se basa en la premisa de segmentar y apilar: fraccionar en partes el conjunto, superponiendo en grupos los pisos de viviendas e intercalando plantas intermedias de uso colectivo. Estos espacios vecinales, son “vacíos verdes” que contienen a la vista los sistemas comunitarios de generación, control y ahorro energético, de depuración para el reciclaje del agua y de separación para el tratamiento de los residuos; se trata de sensibilizar al usuario y al mismo tiempo de dignificar un uso racional de los medios a nuestro alcance. El reto no solo es serlo sino también parecerlo, es decir, hacer expresión visible de la condición sostenible de la arquitectura.

 

En las terraza intermedias y en la que corona el edificio se localizan: los sistemas de captación de energía solar térmica, las placas fotovoltaicas para generación de energía eléctrica, las instalaciones de sistemas alternativos para la micro-cogeneración, las plantas depuradoras de aguas grises que abastecen por gravedad a los pisos inmediatamente inferiores, los cuartos para la separación de basuras, el espacio de reciclaje por trueque de objetos de segunda mano, etc. Además, en estos espacios abiertos de encuentro vecinal se instalan las dependencias comunitarias: sala de asambleas vecinales, cuarto de juegos y gimnasio, piscina colectiva, etc.

 

El conocimiento es el medio fundamental para la toma de conciencia, por eso toda la información del gasto y del ahorro, tanto de energía como de agua, esta a la vista y en tiempo real en estas plantas intermedias.  No se trata, como en otras épocas pretéritas, de hacer alarde de los medios técnicos disponibles, muy al contrario, el poner a la vista de todos y no ocultar los sistemas para la obtención de los niveles de confort habituales, ha de contribuir a un uso más racional de ellos. Sin duda, el falso milagro de la abundancia sin límites, induce al despilfarro y “ojos que no ven corazón que no siente”. Pensemos por ejemplo en el panel frontal de los vehículos, la información que ofrece nos permite y ayuda a controlar el consumo de carburante y el uso adecuado. Ver y saber es esencial para empezar a actuar de forma sostenible, tanto individual como colectivamente.

 

En la torre bioclimática, todas las viviendas disponen de al menos dos horas solares directas entre las 10,00 y las 14,00. Esto significa en nuestra latitud, una fuente de energía limpia y directa y por tanto un considerable ahorro energético durante los meses fríos. El conjunto edificado esta orientado al sur con extensiones al este y al oeste, su forma por tanto obedece al movimiento del sol y no a una geometría de simetría pura preestablecida con fachadas igualitarias en las cuatro orientaciones. Cada unidad de habitación, dispone de un espacio fachada como estancia intermedia de amortiguación entre el interior y el exterior; este espacio verde es invernadero en invierno y umbral en verano. Su posición estratégica permite un recorrido circular alternativo, lo cual proporciona a la vivienda una percepción de mayor dimensión y una solución organizativa más flexible y versátil.

 

El tratamiento de la fachada refuerza la articulación en bloques apilados. El conjunto se estructura en una escala intermedia, situándose entre la condición unitaria del rascacielos y la organización atomizada de las unidades individuales de vivienda. Nuestra propuesta se hace eco de la brillante lección del maestro Saenz de Oiza en el edificio del Banco de Bilbao y su afinada matización escalar urbana. “La idea de megaestructura horizontal y concepción sectorial de la torre apunta también al problema de la escala, con las plataformas horizontales como elemento intermedio entre la escala de la megaestructura de las pilas que abarca todo el edificio y la de las bandejas apiladas que expresan extratificadamente la escala humana” (Alfonso Valdes   ) En su edificio de oficinas para el Banco de Bilbao de los años 70, las plantas intermedias –inicialmente cada 5 niveles- son plantas técnicas, cuya presencia refuerza la condición tecnológica de esta elegante arquitectura high tech.

 

En el siglo XXI, una nueva sensibilidad hacia los elementos técnicos -proveedores y problemáticos al mismo tiempo-, se manifiesta en la presencia necesaria de sistemas de eficiencia y concienciación para la sostenibilidad y la protección del medioambiente. Los espacios intermedios de nuestra torre, acogen estos elementos, y con su situación privilegiada los convierte en “vacíos verdes” para el disfrute colectivo.  Tras una piel viva e inteligente capaz de contribuir al sostenimiento de nuestro mundo, subyace la estructura de apilamiento, para que el edificio se manifieste desde la dimensión de los grupos vecinales que la componen, entre la expresión de la totalidad y la descomposición pormenorizada en unidades individuales.

 

 

El mayor miedo de nuestro tiempo es el miedo al dolor. Antes fue el miedo a la muerte súbita o el miedo a ser enterrado vivo. Pero la nuestra es una sociedad donde el dolor y la soledad se han instalado, como efecto colateral de una larga búsqueda de libertad individual. El desencanto de las revoluciones, como conexión humana duradera, nos condujo a configurar el placer a través de la comodidad para contrarrestar la fatiga del trabajo y eso nos hizo cada vez más insensibles. Al tratar de aliviar el peso sensorial entramos en una relación cada vez más pasiva con el entorno. La trayectoria del placer tal y como entonces se concibió condujo al cuerpo humano a un descanso cada vez más solitario. Pero si es posible creer en la civilización contra al dominio, eso significa aceptar lo que exactamente la soledad intenta evitar: el dolor vivido, un hecho corporal y psíquico diferente porque no cuenta con ningún objeto en el mundo exterior. Ante la condición insoportable del dolor en soledad de la sociedad contemporánea, nos preguntamos con Richard Sennett ¿Como saldremos de nuestra pasividad corporal? ¿Que nos impulsará a la mayoría de nosotros a volvernos hacia fuera en busca de los demás, a experimentar al Otro?

 

En el día a día vivimos fascinados por nuestras crecientes capacidades de dominio y conocimiento, pero también sentimos como los grandes avances científicos y tecnológicos pueden conducirnos a un camino sin retorno de autodestrucción. Resulta paradójico que vivamos un mundo globalizado cuando más incapaces somos de pensarnos en un proyecto común, y sin embargo el planeta demanda una acción conjunta para preservar el medio en el que vivimos. Antes o después se impondrá la necesidad y estaremos obligados a entendernos en una estrategia común. O simplemente habrá llegado el final.

 

La arquitectura es solo el escenario de la vida de las personas, un marco que no tiene el poder de cambiar la sociedad, como soñaron los arquitectos modernos; más bien es su simple reflejo. Pero al menos, podemos aún desde nuestros proyectos, quitar los obstáculos, integrar los vacíos disponibles y escenificar los lugares para la acción comunicativa, para el roce y la oportunidad de una vida cívica donde compartir soledades, a la espera de que nuestra condición más humana y más esencial nos impulse a buscarnos en los demás.

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