Spain on Spain: Debates on Contemporary Architecture. Columbia Univ. NY.

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Spain on Spain: Debates on Contemporary Architecture. Columbia Univ. NY.

This illluminating book contains a key series of key debates between Spain s most celebrated architects, and their critical reflections on the nature of contemporary architectural design, including: Carlos Ferrater, Vicente Guallart, Alberto Campo Baeza, Blanca Lleo, Francisco Mangado, Josep Lluis Mateo, Rafael Moneo, Arsenio Perez Amaral, Enric Ruiz-Geli, Juan Domingo Santos, Enrique Sobejano, Benedetta Tagliabue, and Jose Maria Torres Nadal. With a preface by Mark Wigley, and an introduction by Jorge Otero-Pailos.

 

 

Javier Sáenz de Oíza es uno de los arquitectos que, sin duda alguna, y a pesar de su fuerte especificidad, mejor representa la intensa aventura de la arquitectura moderna en España en el periodo que comienza con el final de la Guerra Civil y que se cierra con el fin del siglo XX (fig 1). Oíza era un arquitecto de sorprendente inteligencia y extraordinario talento, que fue maestro de varias generaciones, al menos para los arquitectos de Madrid.

Oíza terminó brillantemente sus estudios en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid en 1947, y obtuvo una beca de un año para viajar a los Estados Unidos. En aquel momento, cuando Oíza viajó a América, mi país estaba aún lejos de entrar en la modernidad. España era entonces un país rural, donde los medios técnicos eran escasos y precarios, y donde la influencia internacional sobre la cultura era prácticamente inexistente.

Para situarnos, en esta imagen podemos ver un edificio representativo de aquel momento. En 1940 el historicimo, la tradición y el catolicismo, definen la dictadura de Franco: “España, la reserva espiritual de Occidente”, diría Franco. Oíza dijo: “En América descubrí que la tecnología moderna me interesaba más que el arte moderno. Te das cuenta de que el espíritu americano es inventivo en cualquier frente. La oficina de registro de patentes es allí tan importante como lo es aquí el museo del Prado”.

Me gustaría hablar de uno de los proyectos de Oíza que nunca se construyó, una capilla para los peregrinos del Camino de Santiago (fig 2), pero no sin antes mostrar el poder de su arquitectura en tres de sus edificios construidos más emblemáticos: la iglesia de Aránzazu en el País Vasco, terminada en los años de 1950; las Torres Blancas, construidas en Madrid en la década de 1960, y el edificio para el Banco de Bilbao, también en Madrid, construido en la década de 1970.

La Capilla del Camino de Santiago fue el resultado de un concurso nacional que ganó Oíza en 1954: “Así como las líneas de alta tensión atraviesan los campos de Castilla y lejos de destuir el paisaje de la meseta, lo realzan, un barco celebra el paisaje del mar”. El significado de estas palabras va más allá de sus dimensiones o su función. El lenguaje utiliza formas de arquitectura tecnológica en diálogo con la naturaleza y la escultura.

Aquí puede verse el plano de la Capilla y el ideograma con una concha superpuesta, tal y como fue presentado en el panel del concurso. La concha representa el símbolo que se asocia con el peregrino y con el apóstol Santiago, pero también remite a los trazados reguladores así como a Le Corbusier. También se presentaban los alzados de los exteriores de la Capilla, con una representación esquemática de los frisos y de unas imágenes de relieve en piedra diseñadas por Oteiza.

La inspiración procedía de la Vía Láctea: “la galaxia no contiene todas las estrellas, sino que las lanza al espacio infinito (fig 4). La capilla no contiene al peregrino sino que le anima a seguir su lucha, a seguir el ejemplo del Apóstol Santiago”. Oíza presentó la estructura triangulada -el “transformador de energía”- junto a la maqueta del Coliseum de Chicago de Mies van der Rohe; también se ha relacionado con la estructura gótica de la catedral de Toledo.

La arquitectura de Oíza fue el resultado de su genio y su pasión por la arquitectura. Era un artista moderno en el sentido de Baudelaire, en el que la modernidad se define como “lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente”, esa mitad del arte de la que la otra mitad es “lo eterno y lo inmutable”. Oíza diría “puedo ser radical, precisamente porque soy capaz de mirar al pasado. La tradición, las cosas viejas, son hasta cierto punto los fundadores, la base del futuro”.

En 2001, el Ayuntamiento de Madrid encargó un proyecto de vivienda social para un barrio futuro, en construcción, en la periferia de Madrid. Empezamos a trabajar con el equipo holandés MVRDV. Nuestra idea inicial fue buscar alternativas a la manzana cerrada, un modelo que consideramos obsoleto. Los resultados pueden verse en dos edificios, diseñados con distintas prioridades: el Mirador, una ventana a la sierra de Guadarrama, y Celosía, una manzana cerrada y perforada.

La Torre Mirador tiene un carácter fuerte y singular, y emerge como una referencia en el contexto de una homogeneidad excesiva, típica de esta nueva área de la ciudad, que alberga casi 15.000 nuevas viviendas. El edificio Celosía, en cambio, es una estrategia, un sistema para organizar la vivienda colectiva (fig 5). En los dos casos, era nuestra intención pensar y construir edificios como piezas urbanas, que puedan abrirse y comunicarse con otros entornos, rompiendo así la secuencia interminable de edificios introvertidos unidos únicamente por autopistas y coches.

El proyecto Celosía es un edificio que se compone de 30 volúmenes construidos y 30 vacíos. Los volúmenes sólidos constituyen los espacios privados, las viviendas, mientras que los vacíos albergan los espacios públicos, abiertos al mundo exterior, pensados para estimular las relaciones con los otros. Los patios y las viviendas tienen vistas en múltiples direcciones, tanto al interior como al exterior del edificio (fig 6).

La habitación exterior, ilimitada espacialmente, se convierte en el personaje principal del sistema. Tener un terreno, una extensión de tierra, es un sueño primitivo, ancestral, natural; los patios en distintos niveles permiten cumplir este sueño para cada vivienda. Las escaleras y los ascensores están unidos directamente a los patios. Los volúmenes sólidos y los vacíos se alternan; las únicas coincidencias verticales se encuentran ahí para resolver las instalaciones y estructuras.

El edificio está construido en un solar con una superficie irregular, que tiene un desnivel de 9 metros (fig 7). La entrada está situada en la parte superior; la planta está organizada en forma de una svástica (fig 8).

El sistema constructivo se propone resolver el bloque con absoluta racionalidad, de modo que el diedro sureste sea idéntico al diedro noroeste. No obstante, no hay dos planos de plantas iguales, ni dos rincones que sean iguales en una sección determinada. Todo el edificio se construirá con un molde único. BASE, BAS y BISE son las distintas configuraciones de un único molde de aluminio, fabricado en su totalidad en Colombia, América del sur, y actualmente navegando por el Atlántico hacia España. Utilizando este molde y un hormigón muy fluido, esperamos extraer un módulo que contenga 2 o 3 unidades de viviendas, con todas sus instalaciones técnicas, a una ratio de una por semana.

En este momento, estamos trabajando en la terminación de las fachadas, donde la idea es contrastar la austeridad del hormigón expuesto con incrustaciones, para traer luz y color a las mismas. Éstas se están haciendo con materiales reciclados, y crearán distintas percepciones de las secciones, puesto que las sombras van cambiando.

Me gustaría terminar como he empezado, con un pequeño homenaje a mi profesor Sáenz de Oíza. Recuerdo que, en el final de su vida, solía decir: “Me gustan las obras sin terminar”, y citaba Don Quijote de Cervantes, y Las Meninas de Velázquez, como obras infinitas, porque uno siempre podía añadir más y más capítulos al texto y nuevos personajes al cuadro. Pero, al cabo de cinco minutos, decía con igual entusiasmo: “pero también me gusta lo contrario, obras completamente terminadas”, y entonces elogiaba la Divina Comedia de Dante y el cuadro Prisioneros haciendo ejercicio de van Gogh.

Al final, sintetizaba su posición dialéctica diciendo: “en realidad me gustan las situaciones opuestas, una idea y la radicalmente contraria. Cuando una obra está terminada, está perfectamente cerrada, como un dodecaedro, mientras que cuando está incompleta debería ser completamente abierta, como una cabeza con el cabello al viento. Pura geometría y acontecimientos momentáneos…ambos son extraordinarios… ésa es mi visión”.

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