Transgredir el contexto

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Transgredir el contexto

Cada bienal habla de su tiempo. Y queda para el futuro como un reflejo parcial de los acontecimientos.

Esta primera Bienal del milenio retoma el pulso de la arquitectura española en una fecha señalada. Termina aquí el siglo de la arquitectura moderna. Un siglo apasionado y apasionante cuya huella sigue marcando nuestros pasos actuales. No me cabe duda que la olvidadiza época que vivimos se nutre de descubrir y desvelar como nueva -en realidad siempre lo es- la mirada moderna del siglo pasado.

Con las vanguardias, nació el siglo XX para propiciar entre 1915 y 1935 el periodo heroico de la arquitectura moderna. La segunda mitad del siglo revisó, cuestionó e incluso sentenció el fin de la modernidad. En los últimos años, esta siendo tan intensa y compleja la transformación de lo moderno, que ya nadie se entretiene en ponerle nombre a la situación; simplemente seguimos recapitulando y reciclando, digeriendo tan opíparo banquete. Pero la aventura del proyecto moderno con sus múltiples avatares no parece tener fin. Y aún hoy en los inicios del siglo XXI, sobrevuelan nuestras cabezas sus más profundas aspiraciones.

La arquitectura moderna en el siglo pasado aspiró a cambiar la sociedad, quiso incorporarla a los nuevos tiempos. Hoy es la sociedad quien demanda a la arquitectura su constatada fuerza y capacidad transformadora. Se requieren ideas de arquitectura como motor de cambio, de significación, de incorporación y participación en la sociedad contemporánea; ideas poderosas y no solo formas rentables, amables, que perpetúen un entorno la mayoría de las veces obsoleto.

Nuestros fines determinan nuestra cultura, el valor de nuestra civilización. Fines ambiguos los de nuestro tiempo, cargados de pragmatismo, de ambición material y de imagen mediática,  pero también plenos de emoción en el riesgo por desentrañar los misterios del hombre, el alcance de los medios creados, la fuerza impulsora de la tecnología.

El poder de las ideas hoy, también en arquitectura, se basa en el conocimiento crítico de las más profundas ambiciones de la sociedad contemporánea.

El jurado de la VI Bienal de Arquitectura Española, ha querido destacar los proyectos que celebran y refrenda la confianza en la capacidad transformadora de la arquitectura. Hoy sabemos que con el impulso mediático añadido, esa fuerza es potencialmente más radical y poderosa que nunca.

El edificio del Kursaal de Rafael Moneo, premio Manuel de la Dehesa, reinventa la serenidad decimonónica de la bahía de San Sebastián para revivir la ciudad, trascenderla en el territorio e incorporarla a un presente de cambios acelerados.

Las escaleras mecánicas de la Granja en Toledo de José Antonio Martínez Lapeña y Elias Torres -mención en esta convocatoria-, es una solución brillante que ilumina como un rayo el hasta hoy letal ascenso rodado de visitantes y turistas.

La planta de reciclaje de residuos urbanos de Valdemingómez en Madrid de Iñaki Ábalos y Juan Herreros -también mención en esta bienal-, eleva con solvencia a la categoría de arquitectura, las infraestructuras vergonzantes de la sociedad contemporánea y sus instalaciones regeneradoras del paisaje.

La bienal del nuevo milenio cuenta además con un nuevo premio creado por la Fundación Caja de Arquitectos. El premio Enríe Miralles de joven arquitectura nace para reconocer las primeras obras de arquitectos emergentes. El palacio de congresos Euskalduna de Federico Soriano y Dolores Palacios, premio Enríe Miralles en esta ocasión, aporta a la memoria y a la historia de la ría de Bilbao, una mirada radical y poética convertida en fuerza impulsora de transformación de la ciudad.

En estos proyectos y en los demás que componen la selección de la Bienal de Arquitectura Española 2001, los nuevos planteamientos propician una arquitectura acorde con su tiempo. La arquitectura hoy, en sus más destacadas intervenciones, vuelve a rechazar heroicamente un contextualismo amable, de alcance corto y altamente determinado. Transgrediendo el contexto, las ideas poderosas son el factor potencial más excitante en la creación de los espacios contemporáneos.

En la situación actual, podríamos hablar de un contexto complejo, diverso y abierto. Porque la arquitectura ya no existe solo en su entorno próximo y real sino que se multiplica y se agiganta como presencia transformadora, extensa y mediática. El Kursaal de San Sebastián como las escaleras mecánicas de Toledo, el centro de residuos de Valdemingómez o el Euskalduna de Bilbao son arquitecturas en el territorio, construcciones en el borde de la ciudad contemporánea sin más principio ni fin que el de la dinámica vida de sus habitantes.  La dimensión espacio/tiempo sigue cambiando aceleradamente por medio de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Y los edificios significativos son cada vez más como las ciudades: fuerzas expansivas en el territorio. Ambas, arquitectura y ciudad, en su imparable crecimiento, comparten el inevitable e indeterminado compromiso con sus límites, su poderosa y también perniciosa ambivalencia de ser invasores y conectores a gran escala.

El Kursaal de San Sebastián se extiende en el paisaje de la desembocadura, la bahía y el mar, y sin embargo sus prismas de luz se enfrentan con su tectónica precisa al orden urbano.

Las escaleras de Toledo son un accidente geográfico, una falla en el terreno, un corte en la montaña y al mismo tiempo un artefacto mecánico y funcional envuelto en quiebros de papiroflexia.

En la planta de residuos urbanos de Valdemingómez, el espacio construido y su contenido de basuras procesadas, parecen surgir por vía del reciclaje de un permanente devenir con el medio natural. La instalación, en su compromiso medioambiental, volverá en 25 años a ser paisaje, paisaje contemporáneo que se genera en la transformación de la materia de desecho.

El Euskalduna de Bilbao, evoca el paisaje industrial y la desaparición de los astilleros en la ría de Bilbao. El edificio, barco en desguace y sueño de movilidad, desvela la añorada presencia de la tierra en el mar más allá de todo límite. Toda una metáfora del camino de reconversión de la ciudad que va desde la obsoleta expansión naval a la vertiginosa proyección internacional.

La condición contemporánea de estos cuatro proyectos, no solo se refleja en la transgresión que hacen del contexto sino también en los programas que promueven para masivas demandas y afluencias. Hoy más que nunca, la arquitectura es un escenario de acontecimientos posibles y cambiantes, un lugar de programación compleja e interactiva cuyo uso viene definido en el tiempo, más por la realidad que por la razón.

Los flujos crecientes son la consecuencia de la sociedad de la información, la abundancia, el consumo y el espectáculo. La seducción mediática regula y potencia su caudal; la publicidad es la dueña de la calle. Y así grandes masas de espectadores y de turistas, masas de consumidores de información y masas también de basuras, se desplazan por una ciudad cada vez más disgregada y extensa.

Las masas fueron símbolo de los nuevos tiempos en la prehistoria de la modernidad. El artista moderno nació siendo el espejo de la multitud. Hoy como entonces, para el hombre contemporáneo como espectador apasionado, constituye un gozo inmenso instalarse en el corazón de la muchedumbre, en pleno movimiento de flujo y reflujo, en medio de lo fugitivo e infinito.

La fuerza de las ideas en arquitectura esta también en su poder de comunicación. Cuanto más papel juegan los medios en la arquitectura más necesaria se hace la imagen rotunda y seductora. Las masas son parte de la imagen del edificio y su aceptación o rechazo es la fuerza añadida de un estimulado imaginario colectivo.

Las ideas poderosas de arquitectura viajan ligeras y trascienden la disciplina para hacerse mensaje mediático. Los arquitectos lo saben. El Kursaal son dos rocas cristalinas como faros en la bahía de San Sebastián. Las escaleras mecánicas de la Granja, son un tajo misterioso y juguetón en la montaña toledana. La planta de reciclaje de Valdemingómez, es un reluciente espejismo de acero y policarbonato en la sequedad de la meseta. El Euskalduna, es un buque sin mar dispuesto a navegar por redes. Todos ellos son paisajes recreados, escenografías poéticas, metáforas construidas de una nueva realidad cargada con el poder que proporciona la imagen rotunda, provocativa y seductora de la publicidad. Son un titular, un lema, una idea concentrada y poderosa.

Estos proyectos destacados en la VI Bienal de Arquitectura Española, tienen además la bondad de ser una presencia contemporánea de valor en el panorama internacional. Desde su incorporación tardía y antinormativa en los años cuarenta, la arquitectura española se asentó fuertemente en el proyecto moderno. Probablemente, la independencia aparentemente autista de nuestros maestros, haya supuesto hasta el día de hoy, un entendimiento abierto y por tanto más confiado y duradero de los logros de la modernidad. Por otra parte, la curiosidad y el afán de novedades de la cultura arquitectónica española en las últimas décadas, ha permitido un fluir continuo de corrientes e influencias en todas direcciones. Iniciativas editoriales, invitaciones, concursos, encuentros y debates proliferan y abren fronteras. En la IV Bienal la gran mayoría de las obras seleccionadas son el reflejo de un entendimiento cosmopolita y abierto de la cultura contemporánea que las produce. La arquitectura y los arquitectos españoles tienen cada vez más presencia internacional, y cada día tienen más cabida en nuestro entorno las propuestas de arquitectos extranjeros.

Cada Bienal habla de su tiempo. La primera Bienal del milenio, esgrime argumentos contemporáneos de un cambio posible a través de la transgresión del contexto, la contundencia comunicativa de la imagen y la respuesta a nuevas demandas de uso masivo. En este señalado 2001, la arquitectura española manifiesta una renovada confianza en las ideas fuertes con poder de transformación social y cultural. Quizá en la convicción de que aún la arquitectura puede contribuir a hacer un mundo más habitable. Ésta es sin duda la autentica revolución pendiente.

  • Sexta bienal de arquitectura española Blanca Lleó 01