Un mirador para Madrid en Blanco y Negro Cultural

Difusión en prensa

Un mirador para Madrid en Blanco y Negro Cultural

ARQUITECTURA

 

El doble proyecto de viviendas sociales que Blanca Lleó y el estudio holandés MVRDV preparan para el madrileño y joven barrio de Sanchinarro apuesta por lavarle la cara a este tipo de construcciones, casi siempre anodinas y señalizadas

 

Un mirador para Madrid

 

REPASAMOS en una conversación mantenida con Blanca Lleó, arquitecto y profesora de proyectos en la Escuela de Madrid, la construcción del edificio de viviendas sociales más emblemático del barrio de Sanchinarro, en Madrid, un trabajo que desarrolla junto a la oficina holandesa MVRDV.

 

-En un ambiente generalizado de vulgaridad y despropósitos urbanos, ¿qué pretende éste nuevo planteamiento de viviendas sociales para Madrid?, ¿cómo se aborda el problema frente al urbanismo agarrotado de la periferia?

 

Nuestro edificio se alza y levanta la voz para dejar constancia de la importancia que siempre debe tener la arquitectura doméstica en una ciudad. Sanchinarro es para los madrileños un valor por metro cuadrado construido y un «gran centro comercial» recién inaugurado. Es un entorno excesivamente homogéneo; podría decirse que la nuestra es una respuesta provocadora, ante la provocación que supone la arquitectura de producción en serie y el urbanismo anacrónico que nos rodea. La idea esencial es abril- el edificio al entorno, hacer un trozo de ciudad, un lugar vinculado al contexto urbano y a las relaciones sociales. Es evidente que el edificio se expone. Su presencia como encuadre de un paisaje lejano, la sierra de Guadarrama es la expresión de un deseo: crear vínculos con el barrio, con las vías de circulación rápida (M-30, M-40, A-l, A-10), con el territorio, con el contexto mediático. ¿Como? Rompiendo el bloque cerrado de manzana y llevando el patio a las alturas para convertirlo en un mirador desde el que los vecinos pueden contemplar las puestas de sol y la sierra en el horizonte. Así, el volumen edificado en altura libera un espacio público, una plaza a nivel de calle que la ciudad contemporánea demanda.

 

-¿Es posible adaptarse a los módulos económicos de la vivienda social y al mismo tiempo plantearse la defunción de la ciudad desde la arquitectura?

 

-También en arquitectura la idea es el valor, la materia gris puesta en juego. El mejor edificio no es el más caro. En muchos ámbitos de nuestra sociedad actual, el valor de las ideas atrae a los medios económicos. Los arquitectos tenemos que convencer al mercado del valor añadido de las ideas, La arquitectura que propone soluciones interesantes cuesta lo mismo y vale mucho más.

 

-¿Qué se precisa para que la administración confíe en este tipo de propuestas?

 

-Los argumentos convencen. Defender una idea, por imposible que esta parezca, es algo que hay que basar en argumentos racionales y comprensibles bien defendidos. Luego hay que utilizar estrategias para implicar a los agentes sociales. Por ejemplo, es mejor arriesgar para despertar interés. El interlocutor tiene que sentir que es partícipe del proyecto, que no es sólo espectador, sino también actor. Un proyecto, como sueño de futuro, debe provocar siempre emociones, a veces encontradas: sorpresa, desconcierto, entusiasmo, incredulidad, ilusión… También hay que satisfacer expectativas y necesidades.

 

-Este proyecto, ¿pretende ser un prototipo capaz de repetirse en situaciones similares, de convertirse en una alternativa?

 

-Este proyecto parte de una investigación abierta rapaz de producir distintas soluciones. De hecho, estamos ahora trabajando también con MVRDV en otro proyecto de viviendas que parte de esa misma investigación. Sin embai-go, la forma que adoptamos en este caso no tiene el carácter de ser una pieza repetible.

 

-¿Es necesaria la participación de arquitectos estrella como MVRDV para que estas iniciativas se tengan en consideración?, ¿cómo se ha desarrollado la colaboración con Jacob van Rijs y su equipo de trabajo?

 

-Las ocasiones en arquitectura nunca son fortuitas. Siempre hay que buscarlas o más bien crearlas. Cuando surgió la posibilidad de hacer un proyecto para la EMV, se me propuso compartir el encargo con un equipo ex-tranjero de prestigio internacional. No dudé mucho en tomar una decisión que algunos consideraron arriesgada: elegí trabajar con el equipo holandés MVRDV. Me parecía absolutamente necesario para Madrid apostar por las ideas revulsivas y provocadoras de este equipo. Debo decir que no me interesan demasiado las posiciones inamovibles y consagradas de muchos arquitectos de prestigio. Entre nosotros, se trata se saber convencer y, al mismo tiempo, saber hacer tuya la visión del otro; también saber cambiar de punto de vista, bajarse del auto-convencimiento y el dogmatismo personal que nos impide seguir pensando. La clave de nuestra colaboración es que tanto MVRDV como yo hacemos esto con normalidad. Recuerdo, por ejemplo, una sesión de trabajo muy al principio, donde debatíamos posiciones encontradas. Jacob me propuso hacer un intercambio de posiciones: él haría -suya mi idea y yo asumiría como propia la suya. Llegamos a conclusiones sorprendentes: no rehuir el conflicto y ponerse en la piel del otro nos da una Perspectiva insólita. Es una gran satisfacción trabajar con Jacob, admiro y valoro enormemente la visión limpia y desprejuiciada de estos arquitectos holandeses. A veces veo en ellos una inconsciencia y atrevimiento casi infantil que resulta ser muy necesario en el entorno arquitectónico madrileño excesivamente convencional. Debo decir que también la EMV ha aceptado desde el principio y ha defendido en todo momento nuestro trabajo con total respeto y confianza. Igualmente, trabajar con Dragados como constructora es una garantía para llevar a cabo un proyecto de estas características.

 

-¿En qué fase se encuentra en estos momentos la obra y en qué consiste el nuevo proyecto que está preparando para San Chinarro?

 

-Finalizamos la obra este verano, y también con MVRDV estamos ultimando un segundo proyecto en Sanchinarro. Ambos proyectos de vivienda nacieron al mismo tiempo como dos formas de la misma idea: romper la manzana. Les pusimos un nombre a cada uno y les seguimos llamando así: mirador y celosía. Del segundo diré que en vez de tener un gran mirador en la planta 12 tiene 24 pequeños miradores repartidos por toda su volumetría, creando de este modo un «efecto colador» capaz de vincular el edificio de viviendas al entorno.

 

Arturo Franco

Blanco y Negro Cultual / 28-2-2004

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