XIII Ciclo de conferencias sobre Humanidades, Ingeniería y Arquitectura

Artículos, Académica

XIII Ciclo de conferencias sobre Humanidades, Ingeniería y Arquitectura

DOS ENTREVISTAS A BLANCA LLEO

[Entrevista publicada por Arturo Franco en ‘El Cultural ABC, 2006]

En un ambiente generalizado de vulgaridad y despropósitos urbanos, ¿qué pretende este nuevo planteamiento de viviendas sociales del Edificio Mirador para Madrid? ¿Cómo se aborda el problema frente al urbanismo agarrotado de la periferia?

En el siglo xx, la vivienda, y en especial la vivienda social, fue -como nunca antes en la historia de la ciudad- la gran protagonista de la arquitectura. Hoy no se piensa la vivienda; simplemente se hacen miles y miles de viviendas repitiendo la mayoría de las veces fórmulas convencionales, banales y obsoletas. La vivienda hoy parece haberse convertido en un producto de consumo y especulación sin valor arquitectónico alguno.

Nuestro edificio se alza y levanta la voz para dejar constancia de la importancia que siempre debe tener la arquitectura doméstica en una ciudad.

El barrio de Sanchinarro parece ser ante todo un valor por metro cuadrado construido y un “gran centro comercial”. En el entorno de estos nuevos barrios tan excesivamente homogéneos podría decirse que la nuestra es una respuesta provocadora ante la provocación que supone la arquitectura de producción en serie y el urbanismo anacrónico que nos rodea.

La idea esencial es abrir el edificio al entorno, hacer un trozo de ciudad, un lugar vinculado al contexto urbano y a las relaciones sociales. Es evidente que el edificio expone su presencia como encuadre de un paisaje lejano, la sierra de Guadarrama; es la expresión de un deseo: crear vínculos con el barrio, con las vías de circulación rápida (M-30, M-40, A-1, A-10), con el territorio, con el contexto mediático. ¿Cómo? Rompiendo el bloque cerrado de manzana y llevando el patio a las alturas para convertirlo en un mirador desde el que los vecinos pueden contemplar las puestas de sol y la sierra en el horizonte. Así el volumen edificado en altura libera un espacio público, una plaza a nivel de calle que la ciudad contemporánea demanda.

¿Es posible adaptarse a los módulos económicos de la vivienda social y, al mismo tiempo, plantearse la definición de la ciudad desde la arquitectura?

La historia de la arquitectura es la historia del logro de las mejores ideas. Pero hoy en día asociamos ideas a dinero. Quizá sea esta una visión derivada de la sociedad del exceso y el consumo. Sin embargo, muchas veces las mejores ideas nacen en situaciones económicas limitadas o incluso límites. Por ejemplo, la vivienda en el periodo de la reconstrucción de posguerra en el siglo pasado estuvo plagada de muchas y buenas propuestas desde medios materiales muy escasos.

También en arquitectura la idea es el valor, la materia gris puesta en juego. El mejor edificio no es el más caro. En muchos ámbitos de nuestra sociedad actual, el valor de las ideas atrae a los medios económicos. Los arquitectos tenemos que convencer al mercado del valor añadido de las ideas; la arquitectura que propone soluciones interesantes cuesta lo mismo y vale mucho más.

¿Qué se precisa para que la Administración confíe en este tipo de propuestas?

Los argumentos convencen. Defender una idea, por imposible que ésta parezca, es algo que hay que basar en argumentos racionales y comprensibles bien defendidos.

Luego hay que utilizar estrategias para implicar a los agentes sociales. Por ejemplo, es mejor arriesgar para despertar interés. El interlocutor tiene que sentir que es partícipe del proyecto: no sólo espectador, sino también actor. Un proyecto, como sueño de futuro, debe provocar siempre emociones; a veces encontradas: sorpresa, desconcierto, entusiasmo, incredulidad, ilusión… También hay que satisfacer expectativas y necesidades.

¿Qué clase de ajustes ha tenido que sufrir la idea original hasta poder adaptarse a esta realidad?

En España, un proyecto evoluciona hasta el último día de obra. Esto no sucede en otros países, como Holanda o Alemania, donde todo el proceso esta blindado desde el día que empieza la realización de los trabajos. Yo creo que la nuestra es una situación que tiene una gran ventaja y que supone mucho trabajo en el proceso de desarrollo.

Día a día tomamos decisiones, negociamos soluciones y seguimos proyectando con un equipo de más de cien personas -Dragados, la EMV, la dirección facultativa, los técnicos, fabricantes, encargados y operarios-, que hacen posible lo que parecía imposible hace sólo dos años.

¿Este proyecto pretende ser un prototipo capaz de repetirse en situaciones similares, de convertirse en una alternativa?

Este proyecto parte de una investigación abierta, capaz de producir distintas soluciones. De hecho, estamos ahora trabajando también con MVRDV en otro proyecto de viviendas que parte de esa misma investigación. Sin embargo, la forma que adoptamos en este caso no tiene el carácter de ser una pieza repetible.

¿Es necesaria la participación de arquitectos estrella como MVRDV para que estas iniciativas se tengan en consideración? ¿Cómo se ha desarrollado la colaboración con Jacob van Rijs y su equipo de trabajo?

Las ocasiones en arquitectura nunca son fortuitas. Siempre hay que buscarlas o más bien crearlas.

Cuando surgió la posibilidad de hacer un proyecto para la EMV se me propuso compartir el encargo con un equipo extranjero de prestigio internacional. No dudé mucho en tomar una decisión que algunos consideraron arriesgada: elegí trabajar con el equipo holandés MVRDV, Me parecía absolutamente necesario para Madrid apostar por las ideas revulsivas y provocadoras de este equipo. Debo decir que no me interesan demasiado las posiciones inamovibles y consagradas de muchos arquitectos de prestigio.

Me parecía, además, que se podría dar entre nosotros una química poderosa de intercambio, como así fue; desde posiciones a veces encontradas, a veces confluyentes y siempre complementarias.

Entre nosotros se trata de saber convencer y al mismo tiempo saber hacer tuya la visión del otro; también saber cambiar de punto de vista. Bajarse del autoconvencímiento y el dogmatismo personal que nos impide seguir pensando. La clave de nuestra colaboración es que tanto MVRDV como yo hacemos esto con normalidad. Recuerdo, por ejemplo, una sesión de trabajo muy al principio, donde debatíamos posiciones encontradas: Jacob me propuso hacer un intercambio de posiciones; él haría suya mi idea y yo asumiría como propia la suya. Llegamos a conclusiones sorprendentes. No rehuir el conflicto y ponerse en la piel del otro nos da una perspectiva insólita.

Es una gran satisfacción trabajar con Jacob; admiro y valoro enormemente la visión limpia y desprejuiciada de estos arquitectos holandeses. A veces veo en ellos una inconsciencia y atrevimiento casi infantil, que resulta ser muy necesario en el entorno arquitectónico madrileño, excesivamente convencional.

Debo decir que también la EMV ha aceptado desde el principio y ha defendido en todo momento nuestro trabajo con total respeto y confianza. Igualmente trabajar con Dragados como empresa constructora es una garantía para llevar a cabo un proyecto de estas características.

¿En qué fase se encuentra en estos momentos la obra y en qué consiste el nuevo proyecto que está preparando para Sanchinarro?

Finalizamos la obra este verano y también con MVRDV estamos empezando a construir un segundo proyecto en Sanchinarro. Ambos proyectos de vivienda nacieron al mismo tiempo, como dos formas de la misma idea: romper la manzana. Les pusimos un nombre a cada uno y les seguimos llamando así: ‘Mirador’ y ‘Celosía’. Del segundo diré que, en vez de tener un gran mirador en la planta doce, tiene veinticuatro pequeños miradores, repartidos por toda su volumetría, creando de este modo un “efecto colador”, capaz de vincular el edificio de viviendas al entorno.

 

 

[Entrevista publicada por José García Osorio en la revista ‘Vía Arquitectura’, 2009]

¿Qué es lo que te atrajo de la arquitectura para querer hacer de ella tu profesión?

Lo que me apasiona de la tarea del arquitecto es interpretar los sueños, los deseos y las necesidades de las personas para crear el escenario de la vida humana. La ciudad es el gran invento de la humanidad, y la arquitectura es la materia prima inerte de la que está hecha. No digo que la arquitectura cambie la existencia a los hombres, pero sí pienso que puede ayudar a vivir mejor tanto individual como colectivamente. La escuela, la casa, el mercado, el teatro, el hospital…; en fin, la arquitectura es el marco de nuestra vida cotidiana y también el lugar de los grandes acontecimientos. Me apasiona mi trabajo.

Fuiste discípula de Sáenz de Oiza y te iniciaste en el despacho de Rafael Moneo, ¿cómo te influyeron estos contactos en el albor de tu carrera?

Javier Sáenz de Oiza fue mi maestro y también mi director de PFC y de tesis doctoral. De él aprendí el amor a la arquitectura y también la capacidad permanente de sorpresa. Él nos enseñó a buscar la libertad de pensamiento y la mirada crítica; a no tener prejuicios, porque el primer obstáculo para comprender el mundo que te rodea es precisamente lo que ya sabes y conoces de antemano. Nada más acabarla carrera, Rafael Moneo me propuso colaborar en su Cátedra de Composición en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Tuve la suerte de trabajar en la Universidad con él durante cuatro años con una beca de FPI y aprendí de su mano el análisis y la investigación rigurosa, sistemática y exhaustiva tanto de la teoría como del proyecto arquitectónico. Me siento muy afortunada y estaré siempre en deuda con ellos, pues me brindaron una enseñanza humana y generosa.

En 1985 fundaste tu propio despacho, desde el que has realizado obras tan dispares como un faro, una cárcel, un parque, un bibliobús, varios edificios de VPP, la restauración de un convento o el montaje de exposiciones, ¿qué valores arquitectónicos consideras que se mantienen en cada uno de los proyectos que has desarrollado?

Me parece que es una suerte hacer proyectos tan distintos; cada ocasión nos plantea una nueva incertidumbre. Y esto me gusta. Tengo un amigo que dice que para ser emprendedor hace falta sentir “un poco de hambre y un poco de miedo”, es decir, cierta insatisfacción y un poco de pesimismo. Nosotros siempre nos preguntamos: ¿seremos capaces?

Probamos muchas soluciones y vamos rechazando opciones hasta decantar la que cumple con más rigor la mezcla indisoluble de funcionalidad y belleza. Nos gustan los retos, investigar y experimentar, por tanto innovar, con la intención de conseguir emocionar, procurar bienestar, propiciar la comunicación, dar servicio y ofrecer nuevas respuestas a necesidades futuras; sorprender tratando de ofrecer algo más y mejor de lo que se nos pide, el famoso “dar libre por gato”, que decía Alejandro de la Sota.

¿Qué es lo que te planteas a la hora de abordar un nuevo proyecto?

Me obsesiona pensar sin prejuicios; no caer en la trampa de lo automático, lo obvio, lo establecido. Porque el mundo no para de cambiar, y si no entendemos qué esta pasando a nuestro alrededor hoy y de cara al futuro, sobre todo en nuestra forma de vivir, haremos proyectos obsoletos o anacrónicos. Yo pienso que los proyectos son posibilidades, pero hay que desvelarlos como si fueran misterios ocultos. Yo soy lenta, necesito tiempo porque las posibilidades las voy rumiando y luego decantando o desechando poco a poco. Cuando llevo mucho tiempo con un proyecto en la cabeza lo voy empezando a desentrañar, a encontrar la mejor posibilidad, aquella en la que el ‘puzzle’ encaja (concepto, forma, sistema, estructura, imagen, materia, programa…) y da respuesta a todos los problemas que siempre un proyecto plantea. Es que los proyectos de arquitectura son problemas altamente complejos… ¡hasta que tienes la solución!; entonces son sencillos, porque todo encaja. La arquitectura se construye con materia gris, haciendo posibles las mejores ideas.

Una de tus preocupaciones ha sido la búsqueda de la autosuficiencia energética de los proyectos y de una mayor eficiencia en el consumo de energía, ¿consideras que el parón en la construcción actual es el momento óptimo para forzar un cambio de paradigma hacia la sos-tenibilidad real?

Sin duda; al menos tendremos más tiempo para pensar. Confío en que la investigación permita trabajar a los arquitectos en nuevos campos de pensamiento, de innovación y de conocimiento arquitectónico. Pensar la ciudad, por ejemplo. Los arquitectos estamos bien capacitados y lo sabemos hacer Pensad en los concursos a los que se presentan cientos de arquitectos; ahora, más que nunca por la crisis. Un concurso de ideas es un campo de investigación importante, un sistema que produce un montón de materia gris en funcionamiento. Todo ese talento y esa energía creadora y de pensamiento, en gran medida, se pierde porque no hay una estructura eficaz que lo valore. Ese derroche de energía no es en absoluto sostenible. Se está trabajando en las energías renovables, en los sistemas integrados, en la ecoeficiencia, en la sostenibilidad de la arquitectura. Sin duda, todo esto es fundamental, real y sensato, pero me gustarla que nos planteáramos cómo ser eficientes con el talento y el conocimiento. Me preocupa qué será de las capacidades de tantos jóvenes arquitectos españoles sin horizonte de futuro.

Tu investigación sobre la casa moderna llevada a cabo en España y Estados Unidos ha sido recopilada en los libros Informe habitar y Sueño de habitar, ¿por qué cuesta tanto proyectar una vivienda sin caer en los tópicos y en el arrastre de la tradición y la costumbre?

Creo que las propuestas nuevas, los cambios, hay que explicarlos. Si nos paramos a pensar en cómo ha cambiado la comida en España en no muchos años veremos que es sorprendente. De los guisos y las casas de comida hemos pasado a una comida mucho más experimental e innovadora, y con mezclas de procedencias culturales muy diversas. ¿Qué ha pasado? Que los cocineros han salido de la cocina: ahora nos explican, sugieren, animan y convencen de sus propuestas de cambio. También los medios de comunicación y la industria participan con ellos. Y así, casi sin darnos cuenta, en la comida nos hemos librado de la Imposición inamovible de la tradición y la costumbre como única posibilidad. Se trata de sumar, y, sin duda, ahora tenemos mucho más donde elegir. En la cocina se ha abierto un campo enorme de posibilidades. Quizás con las casas pase algo semejante si somos capaces de ir explicando poco a poco nuestras propuestas, aquellas que quieren ir más allá de la tradición y la costumbre.

Desde 1990 impartes clases en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y has sido profesora en diferentes universidades internacionales, así como impartido varios talleres por todo el mundo, ¿qué consideras que has aportado a la docencia y qué te ha aportado ella a ti?

A mí la docencia me da una formación permanente. Es una exigen-cía personal y también es un regalo. Ahora tengo a mi cargo la Subdirección de Relaciones Internacionales de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y estamos trabajando en abrirnos a la mayor internacionalización posible, porque nuestros alumnos tienen un gran talento y un deseo de aprendizaje enorme. Potenciar sus capacidades y sus experiencias en otros países es algo importante para su futuro profesional. Hoy más que nunca. Trabajar en este proyecto es apasionante.

Me interesa la docencia y me interesa mucho la comunicación. También debo decir que durante unos años, al principio de mi carrera, no me interesó ni me preocupé: fue una época de introversión y búsqueda personal. Ahora sime interesa porque mi trabajo tiene sentido si entra en relación con trabajos de otros, con las opiniones de otros, con la vida de los demás. Me parece importante intercambiar opiniones con otros profesionales o ciudadanos que no sean arquitectos, de otros países, de culturas y costumbres distintas. Las publicaciones, la docencia en otros países, las conferencias, los debates públicos son parte de mi trabajo actual.